El valor de los valores

Los valores van evolucionando conforme la civilización avanza. Y sin embargo, hay momentos en que conviene hacer una pausa, volver a ellos, revivir su importancia, rescatar su valor.

Al fin de cuentas, dicha evolución no es transformación sino adaptación, y los valores son unos solos y permanecen en el tiempo por más que el desarrollo de las costumbres, la tecnología o las relaciones humanas vayan cambiando. Los valores son, si se quiere, la armadura de la sociedad, de las empresas, de las familias, del trabajo, del deporte, de la vida en convivencia, de un largo etcétera más.

De esa idea simple, cuando se acercaba nuestro aniversario número 126, que celebramos hoy 22 de marzo, surgió esta idea de tomarnos el tiempo y el espacio para revisar el valor de los valores. No resulta casual que sea desde esta casa, que los tiene claros y definidos —comenzando por el de la independencia— desde su nacimiento en el siglo XIX. Tal vez por eso, seguramente por eso, es que a pesar de tantas vicisitudes en su historia centenaria ha podido llegar hasta estos días, sólido en sus bases.

En eso creemos en El Espectador. En la fuerza de los principios, de los valores, que sostiene todo el andamiaje. Y hoy, cuando Colombia comienza a asomarse en el mundo como un atractivo lugar donde comienza a brotar y puede florecer el desarrollo, la pregunta que debemos hacernos es si esas bases están firmes y activas para sostenerlo. Para alimentar ese desarrollo y no para sucumbir a él. Para señalarle el camino y no dejárselo imponer por él.

Es fácil tomar el camino de los resultados y olvidarse de las reglas mínimas. Es tentador pensar en el bien individual y poner a un lado el general. Es sencillo llenarse de excusas y presentarlas como verdades para poder actuar sin restricciones. Sin embargo, cuando los valores cobran su valor y bajo su mandato obramos, el producto que con ellos se consigue es más estable y permite hacer un mejor país.

Un país que, como Colombia, a pesar de los ejemplos desconcertantes que muestran a unos pocos beneficiándose de quienes no caen en la tentación de obtener a cualquier precio y con el menor esfuerzo sus metas, en su gran mayoría está compuesto de ciudadanos trabajadores y honestos que con sus valores bien definidos van por la vida contribuyendo a que se pueda seguir creyendo.

Eso es, más o menos, lo que buscamos hoy con este especial de celebración. Resaltar esos ejemplos, empresariales o de la vida diaria, de líderes tanto como de ciudadanos del común, que representan los valores que nos permitirán tener un mejor país.

A través de reflexiones profundas o de ejemplos de vida sencillos pero significativos, incluso de enfrentar el reto de mirarnos al espejo en la simple cotidianidad del cruce en fila de un semáforo, por ejemplo, buscamos que hoy ustedes se tomen unos minutos para rescatar ese valor de los valores que a veces se nos va deshaciendo en la cotidianidad. Para comprobar que no somos unos “bobos” quienes seguimos las normas que nos permiten convivir en comunidad. Más que eso, que no somos pocos sino que hay una cantidad de ciudadanos y empresarios que creen en lo mismo y se sienten igual de agredidos por los “vivos”, que parecen más pero que no lo son. En fin, que los valores están vivos y que como sociedad estamos dispuestos a devolverles su lugar.

Porque, vale repetirlo, solamente así es como Colombia podrá llegar a ser un país más justo y más próspero. A este país lo sacaremos adelante entre todos, empujando hacia un mismo norte, con firmeza en los valores que nos representan, y no solamente con unos indicadores económicos en ascenso o unos artículos en periódicos internacionales hablando de milagros. Por eso, si bien muchas veces son quienes llaman a la desazón los que ocupan las primeras planas, hoy los protagonistas son otros, son esos que nos llenan de esperanza y de confianza y de crecimiento personal en la grandeza de llamarnos orgullosamente colombianos. Que el ejemplo cunda, como decían los mayores. Hace 126 años y hoy con más veras.

En Twitter @fidelcanoco

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