El valor del aporte afrocolombiano

Afrocolombianos del Año ha contribuido a un proyecto de diversidad, representación e integración al que todos deberíamos apostarle como nación.

Anoche en Bogotá se celebró la ceremonia de Afrocolombianos del Año 2017, distinción que otorgan El Espectador y la Fundación Color de Colombia, y que ya va en su octava edición.

Afrocolombianos del Año fue concebido como un premio de inclusión simbólica para visibilizar de forma temporal los aportes de los afros al país durante una década, comprendida entre 2010 y 2019. Ya nos vamos acercando al fin del premio y su propia existencia no está exenta de paradojas, sobre lo que ha logrado y sobre el camino que falta por recorrer.

El jurado reconoce la participación de los afros en hechos que hayan marcado al país, el trabajo en un sector que pocos se atreven a hacer, el impacto positivo dentro de un grupo de personas, entre otras acciones que muestran los aportes a Colombia de los ganadores en 13 categorías: Medios y Periodismo, Educación, Música y Artes, Justicia y Derecho, Sector Privado, Fuerza Pública, Sector Público, Sector Salud, Academia, Ciencia y Tecnología, Deportes, Joven y Sector Social. En últimas, se trata de crear referentes de orgullo para toda la población.

Igual que en ediciones anteriores, este año hemos confirmado que los ganadores siguen contribuyendo al país desde las instituciones políticas y sociales, a donde han llegado por sus propios méritos, y que sus logros benefician a toda la sociedad y no exclusivamente a la población negra. ¿Por qué, entonces, es necesario e importante un premio como este?

Porque es pertinente preguntarnos si la acción afirmativa sigue siendo relevante en una sociedad en la que la integración y la inclusión están lejos de ser completas. Si puede servirnos como un instrumento para superar una exclusión y una desigualdad históricas, en este caso por medio del reconocimiento. A pesar de que, por su concepción original, Afrocolombianos del Año se encuentra ya en su recta final, y de que quisiéramos que no fuera necesaria su existencia, su razón de ser persiste, pese a los avances alcanzados.

La esperanza, una vez llegue 2019, cuando se entregue por última vez el premio con participación de El Espectador, es que al menos tengamos un país más consciente del valiente y decidido trabajo que los afrocolombianos están realizando y que de paso rompe con todos los prejuicios y obstáculos.

Más aún, creemos que, como acción afirmativa, Afrocolombianos del Año ha servido para contextualizar y reconocer los aportes de la población negra, históricamente invisibilizados, además de contribuir a un proyecto de diversidad, representación e integración al que todos deberíamos apostarle como nación. Constituye un espacio no exento de dilemas y preguntas difíciles en el que, sin embargo, convergen distintos rostros para reflejar la diversidad de Colombia, que es una realidad al fin y al cabo.

Y más que un proyecto inacabado, es una necesidad vital para la democracia. Como bien dijo Daniel Mera, miembro del jurado y directivo de la Fundación Color de Colombia, en su columna de El Espectador, el premio “representa la narrativa más inspiradora que enfatiza la igualdad y no la diferencia”.

 

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