En serio, algo anda mal

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Un militar mató a Juliana Giraldo, una mujer que iba en un carro en Miranda, Cauca. El video de su compañero, poseído por el dolor y pidiéndoles explicaciones a los soldados, que solo bajaban la cabeza y no sabían qué hacer, es desgarrador. Tenemos que preguntar: ¿qué concepto de los ciudadanos puede tener un representante del Estado para matar a alguien que va en un carro por una carretera, sin provocación alguna?

Por fortuna, esta vez el rechazo por parte del Gobierno y del Ejército fue inmediato y contundente. Carlos Holmes Trujillo, ministro de Defensa, dijo: “Quiero manifestar mi más profundo sentimiento de rechazo, consternación y dolor por lo ocurrido. Actuaciones de este tipo son contrarias a la política de defensa y seguridad del gobierno del presidente (Iván) Duque, así como a la doctrina, procedimientos y protocolos del Ejército Nacional, y no se toleran. Por instrucciones del presidente, el comandante del Ejército evaluará y tomará las medidas necesarias para corregir cualquier error que pudiera haberse presentado en las responsabilidades de mando y control”.

El Ejército, por su parte, dijo que “una mujer resultó muerta a causa de un disparo por parte de un integrante de la Fuerza”. No deja de ser chocante la manera en que se escribió esa frase. Utilizar el pasivo “resultó muerta” es deshumanizar a la víctima y permitir que el lenguaje militar empañe el dolor. Al menos esta vez, empero, no se intentó ocultar los hechos, y queremos creer que habría sido igual si no existiera el video.

¿Qué más podemos decir sobre un acto atroz cometido por un miembro de la Fuerza Pública? ¿No ha sido suficiente el debate de las últimas semanas? ¿Seguiremos escuchando la explicación de las “manzanas podridas” y la pretensión oficial de que eso basta y cualquier exigencia adicional es parte de una campaña para desacreditar al Ejército o la Policía?

Hagamos algunas claridades. El Ejército y la Policía son instituciones que han ayudado a la construcción de nación, a protegernos, y eso no está en duda. También es claro que los casos denunciados, si se comparan con el número total de uniformados, son una cifra pequeña (¿aunque cuántos más no se hacen públicos?). Sin embargo, el punto sigue siendo este: aunque la cifra de abusos sea “reducida”, el hecho de que existan, y lo hagan tan a menudo, y perpetúen un patrón de desequilibrio de poder, debe invitarnos a pensar en qué estamos haciendo mal para que haya “tantas manzanas podridas”. Como anotó el comediante Chris Rock, hay trabajos donde, simplemente, no puede haber manzanas podridas. El Ejército y la Policía deben ser espacios impecables.

Hay una tendencia dañina a creer que cualquier pregunta o crítica pretende destruir a la Fuerza Pública. No. Es apenas un llamado al sentido común: algo no está funcionando bien, los colombianos confían cada vez menos, los miembros del Ejército y de la Policía están sometidos a fuertes presiones y esta es una conversación que vale la pena tener.

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