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29 Sep 2022 - 5:00 a. m.

Enfrentar el racismo sin caer en el populismo punitivo

No se trata de hacer un linchamiento público contra Castro y compañía, pero sí de considerar la gravedad que el hecho tiene y exigir reparaciones simbólicas. / Fotografía de: EFE/ Ernesto Guzman Jr.
No se trata de hacer un linchamiento público contra Castro y compañía, pero sí de considerar la gravedad que el hecho tiene y exigir reparaciones simbólicas. / Fotografía de: EFE/ Ernesto Guzman Jr.
ERNESTO GUZMAN JR
No se trata de hacer un linchamiento público contra Castro y compañía, pero sí de considerar la gravedad que el hecho tiene y exigir reparaciones simbólicas. / Fotografía de: EFE/ Ernesto Guzman Jr.
No se trata de hacer un linchamiento público contra Castro y compañía, pero sí de considerar la gravedad que el hecho tiene y exigir reparaciones simbólicas. / Fotografía de: EFE/ Ernesto Guzman Jr.
Foto: EFE - ERNESTO GUZMAN JR

Esperanza Castro, quien se encontraba participando en las manifestaciones contra el gobierno de Gustavo Petro esta semana, utilizó un discurso de odio para referirse a la vicepresidenta Francia Márquez. Lo más pasmoso del video que se hizo viral en redes sociales es ver la naturalidad con la que Castro presenta una letanía de prejuicios, discriminando a las personas afrocolombianas como quien se expresa con la verdad revelada. El escándalo que se ha generado por lo ocurrido es justo, aunque la pregunta es si la intervención de la Fiscalía ha sido excesiva. ¿Cómo podemos enfrentar el racismo sin tener que caer en el populismo punitivo?

La vicepresidenta Márquez fue clara al explicar el daño que producen estas expresiones. “El racismo lastima a quienes lo padecemos”, escribió en su cuenta de Twitter. “Pero, sobre todo, pone en evidencia la necesidad de trabajar por la igualdad en Colombia… Es la manifestación contemporánea y masiva de una ignorancia profundamente anclada en los tiempos de la esclavización”. Sabemos cómo operan los discursos discriminatorios: su repetición, su eco, sirve para normalizar el odio, para convertir en “sentido común” las supuestas “verdades” sobre grupos de personas. Por eso Castro habló con tanta naturalidad, porque ha vivido en un contexto donde este tipo de ideas son fomentadas y encuentran complicidad en el silencio de los demás. Lo que ella dijo de labios para afuera lo piensan, desgraciadamente, muchos colombianos.

Márquez, por supuesto, tiene amplia experiencia. En campaña experimentó el ataque racista de la cantante Marbelle y de muchos otros opinadores. Miguel Polo Polo, congresista que está en la orilla política distinta a la vicepresidenta, también mostró en su cuenta de Twitter la cantidad de ataques racistas que recibe. No puede negarse que Colombia tiene un serio problema de racismo estructural y rara vez estos debates se han hecho de manera tan pública. En buena hora, por lo menos, se ha puesto sobre la mesa un problema que debemos enfrentar.

Por eso es necesario regresar a Castro. ¿Qué hacer con un personaje como ella? ¿Y qué hacer con los otros mensajes racistas que pululan en las redes sociales? Nos parece evidente que debe haber una sanción para enviar el mensaje claro de que este tipo de apologías al odio no se pueden tolerar en una democracia incluyente. La solución, no obstante, no es la cárcel ni la amenaza con la fuerza estatal. Necesitamos, eso sí, actos de contrición públicos, donde las personas que incurrieron en los discursos reconozcan el daño causado. Que estos momentos de crisis y tanto dolor se utilicen para educar, para que Colombia entera converse sobre la importancia de romper los prejuicios atrincherados históricamente en nuestra sociedad.

No se trata de hacer un linchamiento público y mediático contra Castro y compañía, pero sí de considerar la gravedad que el hecho tiene y exigir reparaciones simbólicas. Cambiar el lenguaje ayuda a cambiar la sociedad y no todo vale en el marco de la libertad de expresión. Como también dijo Márquez: “Donde hay racismo no hay paz”.

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