Uno de los principales aportes de Colombia a la salud pública global y a salvar vidas de los seres humanos más vulnerables está en riesgo de quedarse sin recursos en nuestro país. De hecho, la asfixia ya obligó a cerrar varios programas, mientras otros se ven obstaculizados por la terquedad de las EPS y la falta de dinero por parte del Estado. Nos referimos al programa “Madre Canguro”, diseñado, curiosamente, como respuesta costo-efectiva a la escasez de incubadoras en los hospitales de nuestro país por allá en 1978. Ahora las médicas expertas prendieron todas las alarmas, porque la crisis del sistema está creando efectos nefastos que podríamos evitar.
La historia de este programa es un orgullo para los colombianos. Iniciado por el doctor Édgar Rey Sanabria y profundizado por el doctor Héctor Martínez Gómez, ambos recibieron un premio de la Organización Mundial de la Salud precisamente por sus aportes. En síntesis, el problema es que en Colombia nacían muchos niños prematuros, es decir, antes de las semanas suficientes de gestación, lo que desencadenaba serios problemas de salud para ellos. El tratamiento típico es usar incubadoras, pero en nuestro país había (y sigue habiendo) escasez de esos dispositivos. Entonces, el doctor Rey encontró que el contacto con la piel de la madre (o de cualquier cuidador) ayudaba a regular la temperatura corporal de los bebés. En los años venideros, gracias a las investigaciones lideradas por la doctora colombiana Nathalie Charpak, se desarrolló un método científicamente verificado que garantiza un adecuado desarrollo. Logramos lo que parece un milagro: incluso en los casos más prematuros, se pueden simular los meses de gestación que faltaban y evitar daños a la vida del bebé. Todo esto, además, por un costo reducido.
Como le explicó a El Espectador la doctora Charpak, el costo total del programa por niño atendido oscila entre COP 2,5 y 3 millones, cubriendo el seguimiento integral hasta alrededor de los 12 meses de edad corregida (aproximadamente 15 meses cronológicos). “Y adentro está absolutamente todo: el examen neurológico, el pediátrico, el monitoreo psicomotor, la ecografía cerebral y la evaluación oftalmológica y auditiva. Todo está incluido y programado desde el inicio. Es un modelo diseñado y calculado para ser costo-efectivo, para actuar con equidad y garantizar que todos los bebés que lo necesitan reciban lo mismo. Lo que preocupa es que ahora uno tiene que estar mendigando para que la EPS —sea pública o privada— respete ese paquete y lo cubra como corresponde”. ¿Por qué estamos “mendigando” por un programa que salva vidas? En Bogotá, cuatro niños no pudieron recibir el examen de oftalmología por culpa de la burocracia, y quedaron con deficiencia visual. Eso pudo evitarse.
Las malas noticias se acumulan. En el área metropolitana de Medellín, una de las aseguradoras más grandes ya no autoriza el programa; en Duitama y Sogamoso cerraron los programas; en Cauca, uno de los dos que había cerró y el otro tambalea. En el resto del país hay una situación crítica. Allí donde los programas no han cerrado, los recursos escasean y, por ende, no hay suficiente personal. No permitamos que un gran avance de la ciencia y la innovación colombianas desaparezca; no abandonemos a los bebés prematuros que podrían tener un desarrollo adecuado sin que eso implique costos desmedidos. Salvemos a las madres canguro. Es una urgencia nacional.
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