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Excluir a expresidentes irrespeta las instituciones

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05 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
La presencia en la posesión de todos los expresidentes vivos invita a los colombianos a comprender que, más allá de las diferencias ideológicas, todos compartimos un mismo país.
La presencia en la posesión de todos los expresidentes vivos invita a los colombianos a comprender que, más allá de las diferencias ideológicas, todos compartimos un mismo país.
Foto: Óscar Pérez
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El presidente entrante, Abelardo de la Espriella, entiende de símbolos. Lo demuestra con el trasladado de la posesión presidencial a Cali, en un hecho sin precedentes bajo la Constitución de 1991 y con la intención de mostrarle al país su deseo por descentralizar el ejercicio del poder. También es señal en el mismo sentido el deseo por operar en Barranquilla, incluso planteando su interés de declararla capital alterna. Ambas son medidas que le envían un mensaje a Colombia sobre la importancia de incluir a todas las regiones en la institucionalidad. Por eso mismo resulta tan extraño que fuentes del Gobierno entrante le hayan dicho a Semana que el próximo mandatario decidió no invitar a la posesión a los expresidentes Juan Manuel Santos ni Ernesto Samper. De ser así, este claro irrespeto a la institucionalidad contradice los demás buenos deseos que viene expresando.

Sí, sabemos que esta discusión gira en torno a un gesto logístico. Sin embargo, nuestra democracia está construida en torno a distintos rituales que, aunque son solo simbólicos, demuestran que tenemos una cultura política sólida. La transferencia de poder civil de un presidente a otro, que se realiza en compañía de todos los expresidentes vivos, invita a los colombianos a comprender que, más allá de las diferencias ideológicas, todos compartimos un mismo país. Hace cuatro años, las imágenes públicas que tenían al presidente saliente, Iván Duque, y el entrante, Gustavo Petro, mostraron la animosidad entre ambos mandatarios. No obstante, que tengamos esas imágenes y que el presidente saliente hiciera parte de la ceremonia junto con el resto de expresidentes posicionó el argumento de que las instituciones están por encima de las personas.

También sabemos que esta posesión está manchada por otro gesto simbólico que no es menor. El presidente saliente, Gustavo Petro, no asistirá. Tampoco lo hará el senador derrotado en la pasada contienda, Iván Cepeda. En cuanto al presidente Petro, es muy lamentable que siga atornillado en su tesis de un fraude electoral que carece de pruebas realistas. El último discurso que le dio a la Nación, acompañado de publicaciones en su cuenta de X, comparte supuesta evidencia científica de lo que no son más que conjeturas, manipulaciones y desinformación. Si la izquierda nacional se casa con la idea de que Cepeda es el presidente legítimo le estará haciendo mucho daño a la democracia y también a sus posibilidades de poder en el futuro. El presidente Petro debería estar ahí para entregar el poder, pero su individualismo nos va a dejar una lamentable silla vacía.

Todo eso no justifica que el presidente electo tenga un gesto tan perjudicial hacia dos expresidentes de la República. Según las fuentes de Semana, De la Espriella no quiere a Samper por el caso de financiación irregular de su campaña a la presidencia, ni a Santos por el acuerdo de paz, del que es crítico. Ambas razones son irrelevantes. Contra Samper no hay condena judicial alguna y tener diferencia de opiniones con Santos no es un motivo para faltarle al respeto en su rol de expresidente. La idea de la presencia de ambos en esa posesión es mostrarle a Colombia que la institución de la Presidencia no le pertenece a un apellido en particular.

En su discurso de triunfo, De la Espriella prometió gobernar para todos los colombianos. Vetar a expresidentes de la posesión es decir que a ese acto solo pueden asistir los amigos del presidente entrante. Personaliza así un ritual que es, por definición, común para el país entero. Un muy mal comienzo en los símbolos.

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ELIZABETH MORALES(23598)Hace 26 minutos
No será don Fidel que nuestra Democracia es solo eso, símbolos y de fondo nada real. Bien le vendría a un editorialista tan obsecuente como usted, empezar a hablar de fraude electoral (las pruebas son contundentes), porque será difícil que los casi 13 millones de personas que votamos por Iván Cepeda, nos comamos el cuento de que ADLE es nuestro presidente legítimo. Muy mal precedente para el gobierno que se instala.
Oiarsv(70107)Hace 35 minutos
Totalmente de acuerdo ¿Dónde habrá quedado la extrema coherencia que tanto pregonó en campaña?
ECh(15232)Hace 1 hora
De acuerdo.
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