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9 Mar 2015 - 1:28 a. m.

¿Extradición?

Después de la visita del presidente Juan Manuel Santos a España, en busca de una sumatoria de apoyos para el proceso de paz que negocia con las Farc, puede verse que su cruzada comprende, también, el tema difícil de la extradición a los Estados Unidos: “no creo que ningún guerrillero vaya a entregar las armas para ir a morir a una cárcel norteamericana”, le oímos decir en una rueda de prensa. Tajante y determinado en un tema que está lleno de matices.

El Espectador

Las Farc siempre han negado una relación directa con el tráfico de drogas: la actividad, según su versión generalizada, la ven de ladito, es un insumo en su lucha guerrillera, un simple impuesto que cobran a quienes sí viven de ese oficio. Habrá que ver, si es que queremos llegar a un mínimo de verdad sobre esta guerra, hasta dónde es que va realmente esta dupla de drogas y guerrilla. Hay que ser ciego para pensar que las Farc son un cartel del narcotráfico mundial, como algunos quieren hacernos creer, pero también para no ver que sí existe, en efecto, una profunda relación entre ellas (en algunos frentes de algunas regiones) y esa actividad.

De esa verdad que digan y expongan depende todo el proceso: el compromiso es decir, en efecto, a qué nivel el narcotráfico se les metió en las venas de su lucha guerrillera y, también, cuáles son los canales y las redes por las cuales las drogas se van colando en el inmenso mercado ilegal. Todo esto, como ya lo hemos dicho en estas líneas, debe ir acompañado del examen de Estados Unidos: es casi una responsabilidad que cargan encima. Su presencia transversal en esta guerra, sobre todo en lo que tiene que ver con el tema de las drogas (incluso su ilegalidad, que dispara la rentabilidad del negocio y que fue declarada por ellos hace mucho tiempo), hace necesaria una vía de comunicación más amplia entre ambas naciones.

Por eso rescatamos la presencia de Bernard Aronson como delegado del gobierno de Barack Obama para seguir de cerca las negociaciones en Cuba. El martes, por ejemplo, se reunió a puerta cerrada con la delegación de las Farc en La Habana, y si bien es incierto lo que discutieron, es bastante probable que el tema de la extradición (que encabeza el pedido reiterado de que Simón Trinidad regrese a Colombia) haya salido a flote. Al menos está a punto de hacerlo.

Si no hay una crisis inevitable en la justicia transicional (que estará por verse), no vemos la razón por la cual un guerrillero deba ser extraditado a los Estados Unidos: si se llega a un mínimo de justicia —que debe haber, por más que haya voces sumándose diciendo que no—, completa reparación y una verdad satisfactoria, luce innecesario hablar de enviarlos a purgar penas en otros países. Donde, por demás, no serán responsables ante las víctimas que han dejado acá tras su estela de violencia. Ese es, sinceramente, el escenario menos deseable.

Por supuesto que este proceso es un tire y afloje de peticiones grandes y concesiones moderadas. Así al menos lo hemos visto desde su inicio. Pero ya, por los avances que ha habido, y por el tiempo que ha pasado, es hora de fijar unos mínimos. Todo esto para que el debate, allá y acá, pueda hacerse sobre presupuestos ciertos. El tema de la extradición y el de la cárcel podrían ser unos buenos puntos de partida.

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