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La primera dama, Verónica Alcocer, ha utilizado la llegada del presidente Gustavo Petro a la Casa de Nariño para elevar su perfil político. Presidencia se ha encargado de ayudar en eso enviándola a misiones diplomáticas importantes, como la ceremonia fúnebre del ex primer ministro japonés Shinzo Abe o a reunirse con el papa Francisco. Son también conocidas las influencias de la primera dama en nombramientos claves a lo largo y ancho del Gobierno, como el Ministerio de Cultura, la Consejería de Reconciliación, el Sistema de Medios Públicos RTVC y el ICBF. El problema es que la administración Petro ha sido poco transparente sobre sus funciones y su proceder. A esto se suma una grave denuncia de La Silla Vacía (LSV): los colombianos han visto más de $1.000 millones de sus impuestos gastados en posicionar la imagen de Alcocer.
En una investigación rigurosa, LSV demuestra la opacidad con la que la administración Petro ha manejado todo lo relacionado con la primera dama. A pesar de que la línea del Gobierno es una de austeridad y transparencia, los ayudantes de Alcocer están contratados por distintas entidades cuyos objetivos no coinciden con las labores que están desempeñando, a pesar de estar cobrando honorarios que incluso superan los salarios de los ministros. Por ejemplo, Fady Flórez, estilista personal de la primera dama, está contratado por una cooperativa que a su vez contrata RTVC con el supuesto objetivo de asesorar producciones del canal. Además de recibir honorarios que son muchísimo mayores que los que recibe un maquillador y estilista en canales de televisión privados, Flórez hizo 12 viajes que no tenían relación con el canal institucional, pero sí, vaya coincidencia, con la agenda de Alcocer.
También hay pagos a través de Procolombia y de la Consejería para la Reconciliación —ambos fortines entregados a fichas de Alcocer— a personas que tienen unas funciones institucionales, pero terminan al servicio de la primera dama en sus viajes y actividades, según las fuentes consultadas por LSV. Es evidente que desde la Casa de Nariño hay una fuerte inversión para posicionarla políticamente, pero lo preocupante es que eso se haga con recursos públicos.
Es cierto que la figura de las primeras damas es extraña en el país, pues pese a no tener sueldo ni tratarse de un cargo elegido popularmente, tiene un innegable poder simbólico. Esa ambivalencia permite que su rol sea financiado con recursos públicos, aunque con ausencia de legitimidad democrática. Si Presidencia quiere darle un cargo con mayor relevancia, debe asignarle un presupuesto claro y promover las reformas normativas que sean necesarias. Lo que es impresentable es que de facto haya una primera dama en recorridos políticos por el mundo con gastos sufragados por los colombianos y un comité en la sombra que se disfraza con los tejemanejes de la contratación pública. Es necesaria una respuesta clara de la Casa de Nariño sobre estas denuncias.
Actualización: Presidencia respondió sobre esta denuncia.
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