Los imperios buenos penetran en los territorios ajenos con la suave invasión de su cultura. Brasil —lo ha dicho su embajador en Colombia, Antonino Mena Gonçalves— se ha preparado para hacer “una gran invasión cultural de Bogotá. Una invasión amistosa; una invasión de corazón”. Como país invitado de honor a la edición 25 de la Feria del Libro de Bogotá, que empieza actividades hoy, esta invasión cultural del gran coloso de Suramérica será, ante todo, literaria: llegan los brasileños con la carga maravillosa de su pasado letrado, y con un presente poderoso que —siendo Brasil no sólo un país vecino y amigo, sino también fronterizo— deberíamos conocer mucho más a fondo.
De algún modo, hasta los muertos estarán presentes en esta feria de la cultura, y en particular las grandes glorias de la literatura brasileña del siglo XX: desde Machado de Assis, Carlos Drummond de Andrade, Clarice Lispector, hasta Jorge Amado, Vinicius de Moraes y Millôr Fernandes. La literatura brasileña tiene un pasado luminoso que todos los lectores colombianos deberían conocer. Pero la invasión viene también con la carga de su presente literario: Nélida Piñón, Affonso Romano de Sant’Anna y un homenaje a Rubem Fonseca. A estos se añade un nutrido grupo de jóvenes autores que ya están traducidos al castellano y que incluso son viejos amigos de Colombia desde Bogotá 39.
Pero una Feria del Libro es un evento que propicia muchas otras actividades culturales que permiten el conocimiento más detallado de los países que nos invaden amigablemente. Además de los autores, Brasil viene también con sus dibujantes, su gastronomía, su música, su cine y su danza. Y con la fuerza de su idioma: el portugués hablado al modo brasileño.
Si queremos de verdad conocer a otro pueblo, compenetrarnos con él, debemos aprender su lengua. Y siendo el portugués un idioma tan cercano al español, deberían multiplicarse los esfuerzos para que en Colombia llegue a haber muchísimas más personas que dominen las hermosas cadencias de la lengua lusitana. Habría que propiciar ediciones de poesía bilingüe para que nos diéramos cuenta de que aprender portugués es mucho más fácil que aprender inglés, y no menos importante y enriquecedor, sobre todo entre países que cada vez comparten más vínculos económicos y comerciales.
Con las invasiones culturales un país se da cuenta de lo tonto y suicida que puede ser el proteccionismo en todos los campos. No se defiende la cultura o la literatura colombiana protestando por “la competencia desleal” de los brasileños o por el peligro que estas “arremetidas” suponen para una imaginaria “identidad colombiana”. Los escritores no protestan porque “vienen a competir con nosotros los literatos extranjeros”. Al contrario, el contacto y el comercio cultural nos enriquecen y nos fecundan. Ellos aprenden tanto de nosotros como nosotros de ellos y por eso intercambios como estos dejan una gran riqueza en miles de personas, en especial en los lectores. Un país como Brasil dejará aquí sembradas semillas de su lengua, su literatura, su música y su comida, que harán más fecundo el tronco de nuestra cultura, cuando en muchas mentes locales pegue el cruce o el injerto de la savia ajena.
Naturalmente la Feria tendrá también el componente local y el aporte de muchos otros países. Les damos la bienvenida a Brasil y a todos para esta nueva edición de la Feria del Libro. ¡Mucha alegría, muchos éxitos, muchos debates animados, muchos libros y lecturas que nos vuelvan más sabios y menos infelices!