Fortalecer sin debilitar

El viernes anterior, durante una asamblea de la OEA, los cancilleres del hemisferio concluyeron en Washington un proceso de dos años destinado a fortalecer el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, SIDH. Sin embargo, la fuerte presión de los países del Alba no permitió que el debate se cerrara por completo. La canciller Holguín, junto con otros países, defendió a la Comisión, la Corte y la Relatoría de Libertad de Expresión. El sistema resiste, por ahora.

El tema es complejo y tiene tanto de largo como de ancho. Luego de 22 meses de reuniones en el marco de la OEA se llegó a un texto que debía ser considerado por los ministros de Relaciones Exteriores. El mismo contaba con el apoyo de cerca de 30 países y la oposición manifiesta de los cuatro restantes: Ecuador, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. De ahí que el viernes 22 se presentó en la Organización de Estados Americanos un hecho bastante inusual, según los conocedores del tema. Por primera vez en muchos años, los países miembros estuvieron a punto de llegar a una votación para determinar cuál posición terminaría por prevalecer. Lo que suele suceder en el organismo interamericano es que las decisiones se aprueban por consenso, según se dice, para que al final del día no queden por el camino ni vencedores ni vencidos. Sin embargo, tras cerca de doce horas de sesión, y cuando ya se aprestaban a dejarse contar al filo de la medianoche, Argentina presentó un texto que logró recoger el consenso de todos los asistentes y que finalmente fue aprobado.

De esta manera concluye un camino en el cual los países del Alba, encabezados por Ecuador, arremetieron con todo contra el SIDH, en especial contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, muy especialmente, contra la Relatoría para la Libertad de Expresión que, con gran seriedad, eficacia y sin complacencias, ha liderado la colombiana Catalina Botero. En varias oportunidades nos hemos referido desde estas páginas al tema y por ese motivo afirmamos que la posición de Colombia debería ser la de cerrar filas junto a la Comisión y la Relatoría. El presidente Juan Manuel Santos señaló de manera clara unos días atrás que el Gobierno tenía al respecto una única forma de actuar “sin fisuras”: el respaldo absoluto a las diversas instancias del Sistema. La canciller María Ángela Holguín, durante su intervención ante la Asamblea, así lo dejó en claro y, en gesto que agradecemos, mencionó al asesinado director de esta diario, don Guillermo Cano, como ejemplo de los muchos periodistas que ofrecieron su vida por defender posiciones verticales en contra de los violentos. En su caso personal, contra los narcotraficantes.

De momento, la avalancha con la que se quiso sepultar al sistema está contenida. Los países cuyos gobiernos han pretendido acallar a los medios de comunicación, de una u otra manera, porque cumplen con su sagrada función de ser uno de los puntales de la institucionalidad democrática, no lograron su cometido. Quisieron aprobar normas que ahogaran financieramente a la Relatoría, impidiéndole recibir aportes de terceros países, quitándose así de encima una incómoda voz que ha denunciado a gobiernos de todo el hemisferio, sin distingo ideológico.

Sin embargo, como dichos países saben que en juego largo hay desquite, la resolución final adoptada permite que, en adelante, este tema y otros más que buscan cambiar la sede de la Comisión a Argentina u otro país, así como meter la mano en otra serie de disposiciones, puedan volver a ser consideradas en el consejo permanente de la Organización y, eventualmente, llevadas de nuevo a una asamblea general.

Sólo nos resta reiterar para el tema del SIDH, en general, y de la Relatoría para la Libertad de Expresión, en particular, que se mantenga el dique de contención del que hizo parte Colombia frente a las nuevas amenazas que sin lugar a dudas se volverán a presentar dentro de la OEA. Bajo ningún concepto se puede querer fortalecer para debilitar.

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