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Fracturas en el Polo

LA SALIDA DEFINITIVA DE LUCHO Garzón y el distanciamiento de Gustavo Petro del Polo Democrático Alternativo (PDA) son señales de que la apuesta por una izquierda unida en Colombia está naufragando.

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El Espectador
30 de mayo de 2009 - 10:00 p. m.
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Han pasado sólo tres años desde que en 2006, por iniciativa de Lucho y Petro, el entonces Polo Democrático Independiente decidiera sumar fuerzas incluyendo a diversos partidos de izquierda, como el Moir, el PCC y Alternativa Democrática, para formar una nueva alternativa de gobierno a los partidos tradicionales y al proyecto de Álvaro Uribe. Nació entonces el PDA, propulsado por la histórica votación —más de dos millones de votos— del entonces candidato presidencial Carlos Gaviria, la mayor en la historia de la izquierda colombiana.

Desde entonces, sin embargo, la unidad de la izquierda le ha restado al Polo más de lo que le ha sumado. Con Lucho Garzón fuera del partido, el Polo pierde a su líder más calificado para ejercer cargos de gobierno, y con Petro en la disidencia, a uno de sus parlamentarios más brillantes. Y estos son sólo los casos más recientes, pues vale la pena recordar que en las elecciones municipales de 2007 fue la misma actitud de purismo ideológico la que marginó del partido a los hoy alcaldes Jorge Iván Ospina, en Cali; Judith Pinedo, en Cartagena, y Alonso Salazar, en Medellín.

Y no sólo por su manejo del poder político está el proyecto del Polo en dificultades. Los dos propósitos más llamativos de la unidad de la izquierda eran, primero, que se formaba una propuesta civilista de izquierda dispuesta a librar sus luchas en el terreno de la democracia, en contradicción total con la guerrilla; y segundo, que era posible hacer política sin recurrir a las transacciones clientelistas que aquejaban a los partidos tradicionales. Hoy, sin embargo, el Polo mantiene sin reproche en sus toldas al Partido Comunista, que en sus estatutos justifica el uso de las armas como una forma legítima de hacer política, y gobierna en la alcaldía de Bogotá, bajo el mando de Samuel Moreno, en medio de serios cuestionamientos a la ética pública.

Con todo, los partidos políticos en el mundo, a lo largo de la historia, han atravesado procesos de aguda fragmentación y, eventualmente, han sufrido segmentaciones irreversibles. Los dos fenómenos son inherentes a la dinámica de las agrupaciones políticas y al ejercicio democrático en sí mismo. Durante el siglo XX colombiano, los partidos Liberal y Conservador albergaron en su seno grandes disidencias. Y según la coyuntura histórica, negociaron con el oficialismo e idearon métodos para la toma conjunta de decisiones, preservando la unidad de la colectividad. Un oficialismo flexible y una disidencia dispuesta a ceder evitaron, en momentos de tensión, la fragmentación total.

Este parece ser el caso de la disidencia petrista y la dirigencia del Polo, cuyo Comité Ejecutivo, en un intento por mantener a Petro en sus filas, acogió varias de las peticiones del senador para al final aceptar inscribirse en la consulta interna que elegirá candidato presidencial. En adelante, por ejemplo, el presidente del PDA será elegido por consenso entre las diversas facciones: el ala radical, el bloque centro y los moderados. Este espíritu de democracia interna se reflejará, igualmente, en la conformación de una dirección paritaria encargada de coordinar la campaña.

La fractura del Polo no constituye pues una debacle. A corto plazo, tanto el Polo como Garzón perderán fuerza política. A mediano y largo plazo, sin embargo, podrían conformarse dos fuerzas políticas distintas, como sucede en España, donde existen la Izquierda Unida y el Partido Socialista Obrero Español.

En caso de división o disidencia, lo primordial es que las cabezas de cada fracción tengan en cuenta que compiten por la misma base electoral y que ésta es restringida. Compartiendo o no la misma personería jurídica, los líderes de izquierda deben recordar que lo importante es no derribar los puentes que los unen. La convergencia en torno a puntos de la agenda nacional los hará fuertes. Aunque hoy, y por un buen tiempo, ello luzca impensable.

Por El Espectador

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