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Fraude en la FIFA

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07 de julio de 2026 - 02:03 a. m.
Infantino se encargó de dinamitar la credibilidad de la FIFA.
Infantino se encargó de dinamitar la credibilidad de la FIFA.
Foto: EFE - ANNABELLE GORDON / POOL
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Si las múltiples agresiones que el Gobierno de los Estados Unidos hizo en contra de fanáticos y deportistas interesados en la Copa del Mundo de Fútbol no fue suficiente para manchar un certamen tan importante para millones de personas, la decisión de la FIFA para favorecer al equipo de ese país antes de su duelo con Bélgica de anoche sí lo logró. Aunque insistan en que se trató de una decisión tomada por un órgano “independiente”, es una muestra de cómo las reglas parecen aplicar para quienes tienen el poder de influir sobre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Sabemos que el fútbol profesional a nivel mundial es un negocio. Comprendemos cómo es necesario hacer ciertas concesiones, como las pausas de hidratación pautadas en cada rincón, para que el espectáculo sea rentable. Pese a eso, el fútbol sigue entregándoles alegrías a quienes lo siguen en todo el planeta. El Mundial es un evento como ningún otro. Esta Copa, expandida por razones también comerciales, nos recordó que las historias que ocurren dentro y fuera de la cancha sirven de inspiración. Lo hemos visto con la selección Colombia. Lo vimos, por citar quizás el ejemplo más paradigmático, con la sorpresa que puso en el mapa a Cabo Verde, una nación que nos enseñó de dignidad y fuerza.

Por esas historias es que es tan frustrante que los reflectores se los terminen llevando los malos manejos. Folarin Balogun, goleador de Estados Unidos, fue expulsado en el partido de dieciseisavos de final en una decisión tomada por el árbitro con acompañamiento del videoarbitraje. El mundo entero vio los motivos de la expulsión. A los pocos días, Infantino anunció que la suspensión de un partido se levantaba, lo que lo convirtió en elegible para el partido contra Bélgica. Al cierre de esta edición, no se ha jugado dicho encuentro, por lo que no sabemos si finalmente Balogun pudo jugar y si eso influyó en el resultado final. Sin embargo, el punto es que el daño está hecho. La deferencia ante el presidente estadounidense, Donald Trump, es evidente.

La Federación de Fútbol de Bélgica apeló la decisión, pero su recurso fue negado. La UEFA, que coordina el fútbol en Europa, no se guardó palabras: “expresamos nuestro desconcierto ante una decisión sin precedentes, incomprensible e injustificable. La decisión... cruzó una línea roja”, escribieron en un comunicado publicado en su página web. Infantino, por su parte, dijo que “los órganos judiciales de la FIFA son independientes. Operan de manera autónoma... con base en regulaciones aplicables y los hechos. Su independencia es esencial para la credibilidad y la integridad del fútbol, y esto siempre debe respetarse”. El presidente Trump, en cambio, fue más claro: “lo que hice fue pedirles que lo revisaran. Y yo soy bueno en esto”.

Cuando las reglas no se aplican de manera coherente, la confiabilidad en la independencia de los jueces entra en cuestionamiento. En el deporte y en la política, si no se respetan los acuerdos mínimos de juego, no hay posibilidad de hablar de justicia. La decepción global con Infantino se suma al hartazgo de quienes ven a unos cuantos poderosos con capacidad de influir en cualquier decisión. Como decimos en Colombia: la justicia para los de ruana implica una desigualdad terrible. Infantino dijo que “el respeto por las instituciones independientes y el estado de derecho es lo que protege la integridad de nuestras competiciones y la credibilidad de la FIFA en todo momento”. Él mismo se encargó de dinamitar esa credibilidad.

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