Fraude frustrado

A nadie tomó por sorpresa el presunto fraude electoral que casi se toma las elecciones atípicas por la Gobernación del Valle el domingo pasado.

Ubéimar Delgado, el candidato con mayores apoyos políticos, fue quien finalmente ganó en los comicios. No ganó la propuesta del voto en blanco, elevada por una parte crítica de la ciudadanía y la prensa que, acaso, hubiera podido firmar una nueva historia en esta región tan fuertemente golpeada por la corrupción de sus últimas administraciones.

El Valle, lo hemos dicho, no es esa misma región boyante de hace unas décadas. Se ha ido convirtiendo en paraíso de la inmoralidad, de los valores invertidos que genera el narcotráfico, de la ceguera colectiva de la gente. Pensamos en algún momento que la ciudadanía del Valle podía darle una lección al país. Una de tipo democrático, de fortalecimiento institucional, de enaltecimiento de los valores, con ese movimiento de rechazo a través del voto en blanco. Pero no. Votó como se esperaba que lo hiciera y sacó adelante a un candidato que también ha tenido contacto con los grandes poderes electorales de la región.

Sin embargo, el hecho de que Delgado haya sido el ganador quedó a un lado luego de conocerse el presunto fraude que hoy las autoridades investigan. Ahí están esas infames grabaciones que son producto de la intervención telefónica a José Francisco Angulo Jaimes, alias Pacho, y a Luis Enrique Forero Téllez, alias Lucho, en donde se saca, dato a dato, la forma en la que intentaron meterle mano a un proceso democrático tan complicado para el Valle.

En ellas salen a relucir los nombres del peligroso excongresista Juan Carlos Martínez —quien, valga decirlo, estuvo libre un par de días, en los que pudo haber hecho maravillas— y del destituido exgobernador del Valle Juan Carlos Abadía. Todo parece indicar que el fraude se gestó hace más de un mes para que ganara el candidato del partido MIO —el mismo de Martínez—, Francined Cano. Con presentación de Power Point incluida, mostraban a Martínez cómo se iba a dar un hachazo bien fuerte a la democracia.

Duele decirlo, pero esto no sorprende. Ni la aparición de otras fichas en las grabaciones, que permiten suponer la existencia de una mafia entera que opera dentro de la legalidad, en las narices de las autoridades, pero al servicio de los corruptos: los nombres abundan, pero los cargos son muy similares: una funcionaria del Consejo Nacional Electoral, una delegada de la Registraduría del Valle, un exmagistrado del Tribunal de Garantías Electorales del Valle y la secretaria ejecutiva del partido MIO. Increíble.

Acierta entonces la Fiscalía cuando dice que si los capturados Lucho y Pacho hablan, la cúpula electoral se vería en problemas. Ojalá que así sea, porque hace un año se presentó la denuncia por la supuesta petición de dinero de parte de funcionarios de la Registraduría a la campaña del hoy alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, para asegurarle el aval de unas firmas, y a todas estas poco se sabe del estado de esa investigación.

Justo a tiempo las autoridades decidieron intervenir los comicios, arrestar a los implicados y dejar que las elecciones se dieran de una forma un poco más decorosa. Ahora falta que se destape esa olla podrida que, administración tras administración, ha hundido al Valle hasta lo más profundo de su esencia. Dos gobernadores destituidos y una interinidad bastante larga son la prueba.

Algo queda claro en todo esto. Como dijo Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, si hay tanta maquinaria en el Valle, no es suspicacia suponer que en otras regiones del país operen aparatos criminales parecidos. La democracia sigue estando cooptada por mafiosos. Al menos el Valle, esta vez, nos dio una lección de la que el país debe aprender.

 

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