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El descontento llevado a la protesta, su castigo, y la respuesta a éste han dejado un saldo: dos muertos y 23 heridos. Ahí tenemos los videos de gente disparando. Una bala y otra, dicen algunos, provenientes de ambos bandos. Sin contar otras cosas, digamos, paralelas: las órdenes de captura que se han dictado contra algunos miembros de la oposición, como la que se profirió contra Leopoldo López, a quien le invadieron su casa, le confiscaron algunas pertenencias y no se lo llevaron.
Antes de que Nicolás Maduro, el presidente venezolano, asumiera su cargo, muchos nos preguntábamos por el futuro desempeño de su gobierno una vez los ciudadanos protestaran contra él. Uno de los grandes retos de algo que se precie como democracia es eso: resistir los embates de quienes se le oponen. Permitir a los ciudadanos movilizarse para una queja colectiva. Estar a la altura de las circunstancias. Ya Maduro ha dado pocas muestras de un talante verdaderamente democrático con sus decisiones, por ejemplo, contra los medios de comunicación: absurdo, por decir lo menos, quitar el espectro electromagnético a NTN24 por transmitir las protestas. No pueden, pues. No es posible que un medio se le oponga o le dé visibilidad a quienes lo hacen. El colmo. No es a la fuerza como uno convence a la ciudadanía: va desde lo político hasta lo discursivo. Pero no así.
Impulsado por una paranoia de golpe de Estado, Maduro ha hecho, frente a las protestas, todo lo contrario. Loco de la ira dice que lo quieren tumbar por cuenta de un video de una conversación del exembajador en Colombia Fernando Gerbasi y el general Carratú Molina. ¿Es veraz la cosa? No se sabe. Pero el presidente de una República no debería dejar llevar sus impulsos al borde de lo maniático por una prueba que puede resultar fraudulenta. Y menos tratar de desconocer el descontento con el cuento de la persecución. La falta de sensatez, innecesaria y dañina, resulta infundada.
Y sin embargo, no parece que Maduro vaya perdiendo en ningún escenario. En lo nacional, y pese a las protestas, Maduro sigue teniendo un apoyo muy grande de la base popular que se benefició de las políticas chavistas que él representa. Aún tiene el uso de la fuerza, en cabeza legítima de él: esto se traduce en que un golpe de Estado, que más cerca de darlo estaría el mismo Diosdado Cabello, está aún lejos de presentarse. Y en lo internacional también está salvado: es absurdo pensar que un caso como el actual sea revisado por la Organización de Estados Americanos, menos cuando el Alba ya salió en apoyo del gobierno del presidente venezolano.
Que se serene, entonces, el señor Maduro. Que dedique su gobierno, no a buscar excusas para tildar a la oposición de golpista, sino en asuntos mínimos que la ciudadanía en estos momentos necesita. Es en la grandeza ante la adversidad donde los gobernantes demuestran su verdadero talante. ¿No hace falta en Venezuela? Claro que sí.