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Las respuestas del presidente de la República, Gustavo Petro, a los tropiezos que tuvo su gobierno la semana pasada en términos de política económica son llamativas. Además de la esperada estigmatización, los mensajes del mandatario incluyeron dos factores que no habíamos visto mucho hasta ahora: disposición a hacer un recorte necesario y reconocimiento de que varios de los problemas surgieron durante la administración actual de la Casa de Nariño. La estrategia de culpar a funcionarios que él mismo nombró muestra, en realidad, el problema con la manera en que el presidente decidió liderar al país los primeros años de su mandato.
Las malas noticias para el Gobierno se veían venir. Primero, la Corte Constitucional, en una decisión sin precedentes, ordenó la suspensión provisional del decreto de emergencia económica que expidió el Ejecutivo. Después, el Banco de la República respondió al aumento del salario mínimo con un incremento de cien puntos en la tasa de interés, ubicándola en 10,25 %, la más alta desde octubre del 2024. De esa manera, las dos apuestas principales de la Casa de Nariño en política económica quedaron cojas. Lo que ellos no pueden argumentar es que sea una sorpresa, pues la emergencia económica nació en medio de fuertes cuestionamientos sobre su viabilidad y el aumento del salario mínimo, que ejerce presión inflacionaria, iba necesariamente a recibir una respuesta por parte del Emisor.
El presidente no perdió oportunidad para ir al ataque. “La mayoría de la Junta Directiva del Banco de la República está en las cavernas económicas dictando atrocidades teóricas y prácticas”, dijo en un primer momento. Después juntó al Emisor con el alto tribunal en sus reclamos: “Con este absurdo que va de la acción desesperada para tumbar los impuestos de los ricos en el Congreso y la Corte Constitucional, y la acción del Banco de la República premeditada para detener la economía, llegamos a la oscuridad más grande que le ha caído a Colombia en décadas”. Ya hemos escrito en múltiples ocasiones sobre lo problemáticas que son las estigmatizaciones del mandatario contra los otros poderes públicos, así que solo agregaremos que esa hostilidad, ahora con tonos electorales, es decepcionante en alguien que prometió fortalecer la democracia y las instituciones.
Lo verdaderamente llamativo de la respuesta presidencial vino después. A pesar de que decretó la emergencia económica bajo el argumento de que no tenía otras herramientas para responder a su fracaso en el Congreso, ahora sí admitió lo que muchos críticos le sugirieron: es momento de recortar el presupuesto. “Recortes hemos hecho dos veces: uno por 12 billones y otro por 16. Vendrá otro por 16. Estos recortes suman 44 billones de pesos corrientes del Gobierno”, escribió. Es lo responsable y lo que debió hacerse hace meses. Cuando no hay ingresos, la austeridad es la única salida.
En el mismo mensaje, el presidente dijo que se equivocó con el nombramiento de José Antonio Ocampo. Lo culpó del déficit, de la mala política fiscal y también lanzó un ataque a Luis Carlos Reyes, quien fue su director de la DIAN y luego ministro de Comercio, Industria y Turismo. El presidente utiliza sus apellidos para culparlos por decisiones tomadas dentro de su gobierno. Es una práctica común en él: hace poco dijo que fue Laura Sarabia la que envió hojas de vida problemáticas a la Superintendencia Nacional de Salud. Leer el mensaje lleva a una pregunta: ¿acaso el presidente no estaba al tanto de lo que se hacía en su gobierno? ¿No tenía, pues, capacidad de vigilancia y dirección? Los ministros, en últimas, solo pueden hacer aquello que su jefe directo, el mandatario, les autoriza. Es extraña la jugada: el presidente Petro critica al gobierno Petro por lo que hizo durante la administración Petro. Curiosidades que se ven en Colombia.
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