“Hacer indiferente la diferencia”

Un colombiano con discapacidad intelectual tiene todo el derecho a participar de manera activa y productiva en la vida social y económica de su país. / Cortesía Best Buddies

Los grandes pasos que nuestro Estado y la sociedad toda han ido dando en los últimos años hacia la inclusión social tienen, paradójicamente, sus propios desequilibrios. Las personas con discapacidad, en particular, siguen enfrentando una excesiva condescendencia que aleja sus posibilidades de plena integración y, dentro de ellas, las personas con discapacidad intelectual encuentran pocas herramientas para poder desenvolverse de forma autónoma e independiente. La presentación hoy del hermoso y significativo calendario anual de la organización Best Buddies Colombia es buena excusa para revisar los efectos de sus programas como ejemplo para llegar más pronto que tarde a que en Colombia sea “indiferente a la diferencia”, como lo anuncia su propósito.

De eso se trata la inclusión, de reconocer el valor y la riqueza de la diversidad. Un colombiano con discapacidad intelectual tiene todo el derecho a participar de manera activa y productiva en la vida social y económica de su país, a sentirse —y ser— útil a la sociedad en la que vive, a darle sentido y propósito a su vida. ¿Qué hace falta para que eso tan sencillo pueda ser una realidad? Mucho todavía, sin duda, pero en la base de esa inclusión necesaria está el entendimiento de que las limitaciones se tornan discapacitantes cuando existen barreras en el entorno; y que, por eso mismo, en lo que hay que pensar como sociedad y en el diseño de las políticas públicas es en las herramientas que les permitan a estas personas desarrollar todo su potencial.

Aun cuando están lejanas las épocas cuando se ocultaban o se trataban exclusivamente desde un enfoque médico, las personas con discapacidad intelectual siguen teniendo menores oportunidades económicas, un difícil acceso a la educación y mayores índices de pobreza, además de ser sujetos mayoritarios de violencia y tortura. Su espacio social se entiende todavía circunscrito a su familia, que por lo mismo inexorablemente termina dedicada al cuidado del miembro con discapacidad.

Todo esto indica, en plata blanca, que como sociedad estamos de espaldas a ellos.

¿Somos conscientes, por ejemplo, de que, según el censo de 2005, hay unos 2,7 millones de colombianos con algún tipo de discapacidad y que —según otros cálculos, pues las deficiencias en las cifras son otra barrera— unas 125.000 de ellas tienen alguna discapacidad intelectual? Seguro que no, o al menos no actuamos como si lo fuéramos. Por eso, hacerlos visibles es un primer paso importante, al que contribuye esa idea original de Best Buddies que es generar relaciones de amistad de voluntarios, en muchos casos famosos, con personas con discapacidad intelectual para que compartan sus vidas de manera natural.

No es suficiente, empero. Nadie se va a sentir parte integral si no puede actuar de manera independiente. Y la concepción de que no pueden serlo sigue siendo demasiado fuerte. Barreras jurídicas como la figura de la interdicción que le entrega la responsabilidad en la toma de decisiones a un familiar o persona a su cargo siguen imponiendo límites a su desarrollo autónomo. E incluso iniciativas concebidas para favorecer su inclusión se quedan a medio camino. Tal es el caso del artículo 26 de la Ley 361 de 1997 que, a la par con los beneficios tributarios para contratar personas con discapacidad, contempla que “ninguna persona limitada podrá ser despedida o su contrato terminado por razón de su limitación, salvo que medie autorización de la oficina de Trabajo”. Lo que buscaba proteger su estabilidad laboral terminó fomentando la idea de que es imposible despedir a un trabajador negligente con alguna discapacidad.

Ayudar a derrumbar barreras es lo que han hecho varias empresas colombianas que se han sumado al programa de oportunidad laboral de Best Buddies Colombia. Difícil encontrar un escenario más directo de independencia que el trabajo y la autonomía económica. ¿Y qué han experimentado estas empresas que han preparado y contratado a personas con discapacidad intelectual? Básicamente, que el ambiente de diversidad resulta bueno para los negocios, que se genera una influencia positiva en el entorno laboral, que se transforma el servicio al cliente, en breve, que tenerlos en las empresas vale la pena. Sus habilidades son más importantes que la discapacidad.

Pongámonos serios, entonces, si vamos a decir que Colombia es un país realmente incluyente e igualitario. Un 70 % de los adultos con discapacidad intelectual tienen habilidades suficientes para realizar un trabajo productivo, pero, aún así, menos del 1 % logra acceder al mundo laboral. Nos falta mucho por trabajar para que esos cientos de miles de compatriotas puedan sentirse parte de su país, contribuir a su productividad y, sobre todo, ayudarnos a todos a ser mejores. Para, en palabras de Best Buddies, “hacer indiferente la diferencia”.

 

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