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22 Sep 2022 - 5:00 a. m.

Hay que pasar de los reflectores de la ONU a los compromisos diplomáticos

Cuestionar el prohibicionismo sin ambages, justo en el escenario donde se gestó esa política, puede marcar un viraje en la discusión global sobre el problema de las drogas. / Fotografía por cortesía de Presidencia
Cuestionar el prohibicionismo sin ambages, justo en el escenario donde se gestó esa política, puede marcar un viraje en la discusión global sobre el problema de las drogas. / Fotografía por cortesía de Presidencia
Foto: Presidencia

El presidente Gustavo Petro se estrenó esta semana en la Asamblea General de la ONU con un discurso llamativo, donde exhibió su intención de asumir un liderazgo global en dos temas fundamentales para Colombia: la crisis climática y la guerra contra las drogas. Si bien su intervención fue significativa en el mensaje, los resultados diplomáticos son más bien inciertos.

“El espacio de la coca y de los campesinos que la cultivan, porque no tienen nada más que cultivar, es demonizado. A ustedes mi país no les interesa sino para arrojarles venenos a sus selvas, llevarse a sus hombres a la cárcel y arrojar a sus mujeres a la exclusión”. Con esas fuertes palabras, el presidente Petro criticó la cruzada contra el narcotráfico que se ha librado en Colombia. Lo hemos dicho muchas veces desde este espacio y esperamos que las altisonantes palabras del presidente tengan eco en la comunidad internacional: la guerra contra las drogas fracasó estrepitosamente y es imperativo un cambio de paradigma.

No deja de ser simplista volcar la culpa exclusivamente sobre los países consumidores, pero el presidente acierta en su sentencia de que los productores somos quienes hemos sufrido los daños y la violencia de esta guerra de forma desproporcionada. Cuestionar el prohibicionismo sin ambages ni atenuantes, precisamente en el escenario donde se gestó esa política hace décadas, puede marcar un viraje en la discusión global sobre el problema de las drogas. Bien lo dijo Álvaro Forero en su columna de El Espectador: “Como en la lucha contra el cambio climático, todos los países son víctimas (de la guerra contra las drogas), pero unos son mucho más responsables que otros y, por ende, el esfuerzo debe ser interno y proporcional para que tenga éxito”. Sin caer en el victimismo ni erosionar las valiosas relaciones de cooperación que hemos construido durante décadas, le vendría bien a Colombia cambiar el enfoque militarista y dependiente del glifosato que ha sido mayoritariamente impuesto por sus socios internacionales.

Y si bien el problema de la deforestación en nuestro país se debe a factores internos complejos que sobrepasan los cultivos ilícitos, también ha sido acertado el llamado del presidente a proteger la Amazonia apelando a la justicia climática. Ya es hora de que los países más desarrollados, que han contribuido en desproporcionadamente a la crisis climática, reconozcan los servicios ecosistémicos que prestan nuestros bosques y benefician a todo el planeta, y que ello se traduzca en contribuciones financieras. Materializar la propuesta de crear un fondo multilateral con recursos para preservar la Amazonia sería una gran victoria diplomática para el Gobierno y ambiental para Colombia.

El discurso del presidente fue ciertamente emotivo y llamó la atención de la comunidad internacional en un escenario donde suelen reinar los formalismos. Supo aprovechar los reflectores para poner el foco en objetivos vitales para el país y el resto del mundo, pero la forma de llevarlos a cabo por medio de la diplomacia no está clara. El desafío ahora es buscar concertación internacional y convertir esos clamores exaltados en compromisos reales. Bueno sería que los países de América Latina adoptaran una posición conjunta sobre estos temas y, aprovechando el liderazgo de Colombia, realizaran esfuerzos diplomáticos en bloque para concretar cambios en la política internacional.

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