Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y los dos enemigos irreconciliables de antes inician conversaciones para solucionar sus problemas. Entre ellos la transparencia en el programa nuclear iraní y el consecuente levantamiento de las sanciones económicas.
La noticia llega en un momento importante para ambas partes. Inicialmente se iba a dar en una reunión bilateral entre los dos jefes de Estado, en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, pero se frustró. No hay duda que la foto hubiera ayudado mucho. Sin embargo una llamada de Barack Obama a Hasán Rohaní logró poner las cosas sobre rieles. Con palabras medidas, pues ambos saben que los sectores más radicales de cada país ven con desaprobación este tipo de acercamientos, en sus declaraciones iniciales han dado muestras de un moderado optimismo.
Irán se compromete a abrir puertas y ventanas al escrutinio de la ONU sobre su programa nuclear, el que, afirma, no tiene intención distinta a la de generar energía lejos del uso militar. Estados Unidos y los otros miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, China, Rusia, Reino Unido y Francia, más Alemania y la Unión Europea, aflojarán las sanciones económicas mientras se desarrolla un proceso que puede llevar entre tres y seis meses. De otro lado el bloque acepta que Teherán continúe enriqueciendo uranio, en el entendido de que su uso será pacífico, y para ello se crearán mecanismos de verificación. Así las cosas, este parece un juego en el que todos salen favorecidos.
Rohaní es un islamista moderado que logró el triunfo electoral sobre la base de llevar a cabo cambios inmediatos en el país, lo cual ya comenzó a hacer. La desastrosa política de confrontación que impuso su antecesor, Mahmud Ahmadineyad, llevó a Irán a una situación interna crítica. El doble juego frente a su real capacidad nuclear y el rechazo a las peticiones de la ONU frente a la supervisión de dicho programa hizo que las sanciones impuestas al país crearan una situación de desabastecimiento y encarecimiento de los productos de primera necesidad. El malestar de la población pasó a un abierto rechazo con masivas protestas que dejaron muertos, heridos y un buen número de encarcelados.
La estrategia de presión económica triunfó y los radicales tuvieron que ceder el poder. Sin embargo, y a pesar de tener el apoyo del máximo líder religioso, el ayatolá Alí Jamenei, los sectores ultraconservadores no van a dar su brazo a torcer. No sólo por su rechazo al Gran Satán en Washington, promovido por más de tres décadas, sino por el odio a Israel. Rohaní reconoció el Holocausto, un paso gigantesco hacia adelante.
Para Obama las cosas, sin ser graves, tampoco son fáciles. El eventual arreglo con Irán le va a permitir una mayor libertad frente a Siria, así como aliviar las tensiones de ese país con Israel y mejorar su posicionamiento en la lucha contra los grupos fundamentalistas islámicos. Pero no le va a ser sencillo hacer entender en el Capitolio que las cosas cambiaron para bien. Los sectores conservadores que controlan la Cámara de Representantes no confían en las buenas intenciones del gobierno de Irán y no van a aflojar fácilmente frente al levantamiento de las sanciones. Creen que se trata de una estrategia de Teherán para fortalecerse mientras le aflojan la presión.
De momento las cosas parecen haberse alineado para bien. No sólo la buena voluntad de los dos mandatarios, sino las realidades que han llevado a este acercamiento. Como suele suceder, sólo el tiempo dirá si las cosas se enrumbaron por el camino correcto. De momento, todo indica que así va a ser.