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Irán y la amenaza nuclear

“IRÁN ES UN ESTADO NUCLEAR”. CON esta lacónica frase, que más que afirmación sonó a amenaza, un exultante Mahmud Ahmadineyad anunció a su pueblo, y al mundo, que la revolución iraní llega así a su mayoría de edad, luego de los 31 años transcurridos desde que el ayatollah Jomeini derrocara el régimen del sha Reza Pahlevi.

El Espectador

17 de febrero de 2010 - 06:00 p. m.
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El significado de lo dicho por Ahmadineyad, ante cientos de miles de manifestantes convocados por el régimen en la emblemática plaza Azadí —Libertad— de Teherán, es de grueso calibre. Se trata de un paso decisivo en la carrera por la obtención de un arma nuclear por parte de un país que por su ubicación geográfica y sus estratégicas reservas de petróleo es ya un actor central en el escenario mundial. Así lo han asumido la mayoría de los países que ven con creciente preocupación cómo vienen cumpliéndose los anuncios de Teherán para procesar uranio, lo que ha llevado a que la ONU monitoree con especial atención el desarrollo tecnológico del país musulmán.

Hasta el momento Ahmadineyad ha negado reiteradamente que su interés sea el de ingresar al exclusivo club de países con capacidad nuclear, al decir que la producción de combustible enriquecido hasta un 20% es solamente con fines pacíficos. Incluso, durante su alocución por el aniversario de la revolución, afirmó igualmente que “si quisiéramos tener un arma nuclear, no tendríamos miedo en decirlo”. Pocos le creen.

Lo paradójico de la situación radica en que mientras el gobierno iraní envía un mensaje que no deja de causar temor en varias capitales del mundo, el mismo régimen de los ayatollas vive una delicada situación interna debido a las graves fisuras que se presentan entre la línea dura y la reformista, que ha llevado desde el año anterior a nutridas protestas y enfrentamientos entre los dos sectores ante las acusaciones de fraude en las elecciones que le permitieron a Ahmadineyad la reelección. De hecho, los principales líderes de la oposición, Mehdi Karrubí, Mir-Hosein Musaví y Mohamed Jatamí, fueron agredidos de forma salvaje por la policía paramilitar Basiyi, adepta al gobierno, que los atacó de manera inmisericorde durante la conmemoración.

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No es la primera vez, ni será la última, en que los enfrentamientos se sellen con un alto número de heridos y muertos. Hace pocas semanas se presentó una situación compleja en la que el gobierno reconoce la muerte de cerca de ocho personas, aunque los voceros de la oposición hablan de un número mucho mayor de muertos y heridos. Además,  algunos de los detenidos fueron condenados a muerte por atentar contra la ley, luego de que el máximo líder de la revolución, el ayatollah Alí Jamenei, así lo dictaminara.

La situación es de extrema complejidad. Los expertos consideran que Ahmadineyad está “blofeando” y que no es cierto que tenga la capacidad instalada para producir el arma atómica. Sin embargo, crecen los llamados para que se apliquen sanciones inmediatas a Irán por continuar con este peligroso juego. De otro lado, su frente interno se debilita cada vez más y la oposición seguirá ganando terreno ante la represión gubernamental. El pronóstico, por ahora, es reservado y los próximos meses serán decisivos para el futuro de esta revolución, que puede terminar como una teocracia nuclear o un régimen democrático que no represente una amenaza para la paz mundial.

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Por El Espectador

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