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Israel vs. Hamás, guerra de perdedores

El Espectador

28 de diciembre de 2023 - 09:00 p. m.
"Urge la terminación del desangre y la devolución inmediata de los rehenes”.
Foto: EFE - HAITHAM IMAD
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Cerca de cumplirse tres meses desde que se dieron los repudiables hechos del 6 de octubre, por parte del grupo terrorista Hamás, y de la censurable reacción por parte de Israel en Gaza, el balance de la guerra no puede ser más devastador. Un número superior a los 20.000 gazatíes muertos, con un 60 % entre mujeres y niños, 1.200 israelíes muertos y unos 105 que continúan como rehenes, así como un alto número de heridos y desplazados, que han creado una crisis humanitaria sin precedentes. El mayor perdedor, hasta el momento, continúa siendo Israel, que no ha podido cumplir con los objetivos políticos y militares señalados por su Gobierno, sigue sin verse un final para el horror que se vive en Gaza y el conflicto amenaza con expandirse a los países vecinos.

El laberinto en el cual se metió Netanyahu, con un apoyo casi unánime de los israelíes —así muchos no confíen en su primer ministro—, se ha venido profundizando. Ante la barbarie desatada por Hamás, el Gobierno de ultraderecha no ha podido cumplir con las promesas formuladas. La erradicación de Hamás se ve cada día más lejana. Se cree que hasta el momento han caído 7.000 de sus 28.000 combatientes, aunque Yayha Sinwar, responsable de los ataques recientes, así como Mohamed Deif, cabeza del aparato militar, continúan con vida. No se ha neutralizado su capacidad militar, pues todavía se lanzan cohetes desde Gaza contra territorio israelí y continúan las personas secuestradas, utilizadas como moneda de cambio. Hace poco, durante una operación militar para liberar rehenes, el Ejército israelí mató por error a tres de ellos que llevaban una bandera blanca y se identificaron como tales. Por otro lado, el número de soldados israelíes muertos se acerca a los 140.

Las acciones de las fuerzas armadas de Israel, tras el asesinato de miles de civiles inocentes, han sido denunciadas como crímenes de guerra, investigados por la Corte Penal Internacional. A pesar de que dentro de Israel son muy pocas las voces que abogan por el fin inmediato de la guerra, aumenta el número de personas que piden la renuncia de Netanyahu. En la comunidad hebrea, a escala internacional, hay más voces que se levantan contra el asesinato de civiles inocentes. Consideran que este tipo de hechos le restan legitimidad ética y moral a Israel como Estado democrático. La defensa internacional más fuerte hacia Israel continúa por parte de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, aunque aumentan las presiones por una tregua.

La devastación en Gaza se refleja en los 100.000 edificios destruidos y el número de desplazados internos, que es demasiado alto. Sin embargo, la popularidad del grupo terrorista ha aumentado no solo en Gaza, sino que se ha cuadruplicado en Cisjordania. Allí, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), de Mahmud Abbas, espera que al finalizar la guerra Israel les permita gobernar también en la Franja, lo que no parece muy viable. La ANP pierde cada vez más legitimidad y la muerte de seis jóvenes por un misil israelí en el campo de refugiados de Nur Shams, en Cisjordania, no hace sino aumentar la rabia y el dolor.

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En los últimos días, de nuevo, crece la posibilidad de un escalamiento del conflicto a los países vecinos. Escaramuzas de Hezbolláh desde el norte del Líbano, acciones militares en Siria y, en especial, ataques de los hutíes desde Yemen contra barcos que cruzan por el mar Rojo, generan tensión. De momento, ha fracasado una propuesta egipcia para una tregua, que el Gobierno de Israel estaría dispuesto a aceptar, pero Hamás rechaza, pues solo se transan por un cese al fuego permanente y la liberación de los rehenes a cambio de presos palestinos en manos de Israel. Urge la terminación del desangre y la devolución inmediata de los rehenes. No debería haber un solo muerto más en esta guerra donde todos pierden, comenzando por las vidas de los civiles inocentes.

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