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27 Nov 2021 - 5:00 a. m.

La búsqueda de indecisos en Chile

Quien resulte vencedor tendrá que lidiar con un país profundamente dividido, con un Congreso en el cual no hay mayorías definidas y una nueva Constitución como respuesta al gran descontento popular. / Foto: Ernesto Benavides (AFP)
Quien resulte vencedor tendrá que lidiar con un país profundamente dividido, con un Congreso en el cual no hay mayorías definidas y una nueva Constitución como respuesta al gran descontento popular. / Foto: Ernesto Benavides (AFP)
Foto: Ernesto Benavides -AFP

Las elecciones del domingo pasado en Chile dejaron un empate técnico entre los dos candidatos que obtuvieron más votos y pasarán a segunda vuelta. Con alto abstencionismo, el candidato de la extrema derecha, José Antonio Kast, del Partido Republicano, pasó de primero con un discurso centrado en el orden y la seguridad, mientras que el candidato de Apruebo Dignidad; Gabriel Boric, que representa a una coalición de la izquierda, incluido el Partido Comunista, terminó segundo. Tanto Boric como Kast se encuentran en un proceso de rediseño de sus campañas para lograr el favor del electorado. El 19 de diciembre se definirá al nuevo presidente chileno, en un país profundamente polarizado y con muy altos índices de desigualdad.

Los resultados arrojaron varios hechos sorpresivos. Los partidos tradicionales y el centro político fueron derrotados de manera amplia. Yasna Provoste, la candidata de la Concertación, de centroizquierda, a pesar de enarbolar las banderas de la alianza que llevó a la Presidencia a varios candidatos en la era pos-Pinochet, quedó relegada. En cambio, Franco Parisi, un candidato antipolítica, que vive en Estados Unidos y no pisó el país durante la campaña por problemas legales, se ubicó en tercer lugar mediante el eficiente manejo de las redes sociales. Su votación podría estar más cerca a Kast, aunque no hay claridad al respecto: ha dicho que en Chile no podría gobernar un candidato de extrema derecha y ha criticado a su vez a Boric por sus propuestas económicas. También tuvo una considerable votación Sebastián Sichel, de la derecha, que se alineará con los republicanos.

Analistas como Daniel Zovatto consideran que “los dos factores que caracterizan la primera vuelta chilena son que ambos candidatos tienen un porcentaje de votos inferior al 30 % y que hay una diferencia entre ellos por debajo del 3 %. De esos dos puntos, el primero es el que más posibilidades abre para una reversión de resultado, debido al alto volumen de nuevos votos que hay que obtener para ganar en la segunda vuelta”. En esta condición, si quiere revertir los resultados del domingo, Boric no puede equivocarse en la estrategia a seguir para llegar a los sectores que le darían la victoria. Para lograrlo, debe balancear temas espinosos que deberá abordar en las pocas semanas que quedan para la segunda ronda electoral. Mientras que la derecha votará en bloque sin importar sus eventuales diferencias, no ocurre lo mismo con la centroizquierda y la izquierda más radical.

En la medida en que Kast tan solo se impuso por cerca de 100.000 votos sobre Boric, cada uno se ha dirigido hacia el centro y los muchos indecisos en búsqueda de simpatizantes, bajo la premisa de que en primera vuelta se vota con el corazón y en la segunda con la razón y el estómago. Boric ya incorporó a su campaña a varios asesores de la centroizquierda para obtener ese importante apoyo, en especial bajo el miedo que genera su oponente, un nostálgico del dictador Augusto Pinochet. Un tema importante a tener en cuenta es que mientras la extrema derecha fijó desde el primer momento una posición muy crítica y sin contemplaciones contra quienes cometieron desmanes durante las protestas de 2019, para la izquierda el tema es más sensible. Boric ha tenido que declararse contrario a un indulto para quienes estuvieron vinculados con actos de violencia y vandalismo, lo que le genera tensiones con el Partido Comunista. Kast, lo demostró el domingo, ha capitalizado el gran rechazo existente contra quienes causaron destrozos durante las protestas, incluso dentro de sectores populares.

Quien resulte vencedor en diciembre tendrá que lidiar con un país profundamente dividido, con un Congreso en el cual no hay mayorías definidas, lo que hará difícil la gobernabilidad, y el año entrante, en julio, se conocerá el texto de una nueva Constitución, que está redactando una Asamblea Constituyente que surgió como respuesta al gran descontento popular.

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