La “caballerosidad” tóxica e inútil del Concejo

El proyecto de ceder las sillas a las mujeres es la clase de medidas estatales que no son más que cantos a la bandera que no cambian nada. / Archivo El Espectador.

En su afán de protagonismo, el Concejo de Bogotá está dejando en evidencia su machismo, ignorancia e incapacidad para responder a temas complejos como la desigualdad de género. La propuesta de asignar las sillas rojas de Transmilenio a las mujeres para protegerlas sería risible si no fuese tratada con tanta seriedad por los políticos que la proponen. ¿De verdad esto es lo mejor que pudieron sugerir para atacar los graves índices de acoso en el transporte público de la capital?

El proyecto, que avanza en el Concejo, propone dedicar las sillas rojas de Transmilenio (es decir, todos los asientos que no están reservados para personas en condición de discapacidad o en embarazo) para las mujeres, tanto en las horas pico como en las valle. Bajo la consigna “Más mujeres sentadas, más mujeres protegidas”, prometen atacar los acosos en el transporte público.

La situación a la que buscan responder no es menor. Alrededor de 800.000 mujeres utilizan el servicio y son comunes las denuncias de acoso y abusos. No hay duda de que es un problema inaceptable que necesita respuestas. Lo increíble es que la solución sea ceder los puestos rojos.

El concejal coordinador ponente, Rubén Darío Torrado, del Partido de la U, dijo que es hora de que “se tomen medidas contundentes por medio de acciones afirmativas que buscan reivindicar los derechos de las mujeres en Transmilenio”. Marco Fidel Ramírez, concejal detrás del proyecto, explicó, no sin condescendencia, que “en la competencia por una silla se presentan agresiones y maltratos físicos hacia la mujer y, en medio de este ambiente de caos, se facilitan los manoseos y abusos sexuales a través de roces y fricciones”.

¿Sabrán los concejales que a las mujeres también las acosan sentadas? ¿Entenderán acaso que la violencia en estos espacios públicos no sólo se debe a la supuesta “competencia” por las sillas? ¿De verdad creerán que es una medida “contundente” ceder los puestos rojos? ¿Acaso escucharon a los colectivos de mujeres que llevan años pidiendo medidas eficientes de protección de las mujeres en los espacios públicos?

Este proyecto es precisamente la clase de medidas estatales que no son más que cantos a la bandera, una intervención sin mayores reflexiones que no cambia nada de la realidad de la población a la que busca proteger. En cambio, lo que causa es la innecesaria fricción cultural de quienes critican al feminismo por supuestamente pedir este tipo de medidas, cuando es todo lo contrario. Eso sin hablar de la condescendencia tácita de quien busca proteger a las mujeres viéndolas como seres inferiores dignos de pleitesía, sin entender que las raíces del problema son el machismo estructural y una cultura cómplice con el acoso en todas sus formas.

Estamos de acuerdo en que las campañas publicitarias de la administración no han sido suficientes. También es importante tomar medidas contundentes. Pero que esta sea la propuesta es ofensivo contra las víctimas, pasadas y futuras, del acoso en el transporte público. ¿No es raro, además, que los voceros del proyecto sean hombres, y uno de ellos (Ramírez) un conocido contradictor de los derechos reproductivos de las mujeres y las minorías? El Concejo de Bogotá está demostrando no estar a la altura de los debates de la capital.

 

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