10 Jun 2021 - 3:00 a. m.

La ciencia tiene ministerio, pero no una política seria

El Espectador

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El enorme triunfo que significó la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación se ha visto opacado por los escándalos que rodearon a sus dos ministros. La primera, la bióloga Mábel Torres, llegó al cargo en medio de sospechas por su promoción de la seudociencia. Ahora el recién nombrado, Tito José Crissien Borrero, está en medio de denuncias por plagio en sus trabajos académicos y es más visto como un nombramiento burocrático que como un buen aporte a la creación de una política de ciencia seria en el país. Una vez más y pese a las promesas del presidente Iván Duque, el sector de producción de conocimiento científico no ha sido tratado con el respeto que se merece.

En una carta, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales dijo que el nombramiento del nuevo ministro “constituye un mensaje muy negativo para la sociedad colombiana y, en particular, para las nuevas generaciones, al ignorar prácticas antiéticas mundialmente rechazadas por la comunidad científica y académica”. Por eso declararon su “extrañeza y desaliento”. Lo propio han dicho académicos y científicos de todo el país.

No es para menos su desilusión. Faltando poco más de un año de gobierno, el presidente Duque decidió un cambio en el Ministerio de Ciencia que interrumpe procesos y que parece ser más una movida política en un momento de debilidad como el actual. Aunque el ministro llegó diciendo que su compromiso es aportar al país y al sector científico, su cercanía con casas políticas de la Costa ha despertado justas suspicacias.

Ese, sin embargo, no es el principal problema. Como mostró El Espectador en un informe reciente, varios artículos académicos donde el ministro es coautor tienen párrafos muy similares e incluso idénticos a trabajos de otros autores. Además, algunos de estos autores no son citados en la bibliografía. Aunque Crissien Borrero se defiende diciendo que no hay procesos disciplinarios en su contra y que no faltó a ningún requisito ético, las dudas son suficientes para empañar su labor. También hay preguntas sobre su aporte en algunos documentos que firmó sin tener la experticia para ellos.

Más allá de la pregunta puntual sobre si hubo plagio o no, lo que queda en evidencia es la desconexión del Gobierno Nacional y el Ministerio de Ciencia con el sector de la academia que busca representación e impulso. Es una incoherencia que el presidente Duque se haya comprometido a mejorar el fomento de la ciencia y, al mismo tiempo, les haya entregado la cartera a dos personas que no muestran el menor respeto por el método científico. Hacer un cambio en el gabinete con tan poco tiempo de gobierno, además, ubica el reflector en el efecto que ese nombramiento pueda tener en las elecciones.

Solucionar el retraso histórico de Colombia en la producción de conocimiento requiere apuestas ambiciosas, complejas e integrales. El Ministerio de Ciencia se creó con ese propósito, pero hasta la fecha no se ha logrado. Todo el ruido alrededor de estos nombramientos no ayuda, genera más desconfianza en un sector que necesita el apoyo estatal y sigue subordinando la ciencia a las coyunturas políticas. Es una lástima que una buena iniciativa se vea trancada de esta forma.

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