La corrupción llega a la Cumbre

Varios de los dignatarios asistentes a la Cumbre enfrentan en sus respectivos países señalamientos por casos de corrupción. Lo importante es que la justicia, en estos casos, pueda operar sin limitantes y que se aplique todo el peso de la ley contra los responsables. / Foto: EFE

Los jefes de Estado y de Gobierno americanos se reúnen en Lima para debatir sobre la gobernabilidad democrática y la lucha contra la corrupción, dentro de la VIII Cumbre de las Américas. El tema escogido por Perú no puede ser más pertinente. Dos semanas atrás, su presidente, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), debió renunciar por un grave escándalo vinculado a Odebrecht. Nadie puede estar por encima de la ley. Sin embargo, como sucede en estos encuentros, el resultado final estará vinculado a hechos políticos, como el caso de Venezuela, país excluido de la misma.

A pesar de que estas reuniones de alto nivel reciben críticas por su real eficacia y efectos, cumplen un papel dentro de la agenda de asuntos hemisféricos. En este caso, se contaba con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se estrenaría en una región con la cual no ha tenido mayor contacto, salvo los problemas derivados de su cercanía con México y Canadá, así como la situación en Venezuela. Al parecer por motivos vinculados a la tirante situación en Siria, Trump prefirió cancelar su viaje a Lima y luego a Bogotá. Es, sin lugar a dudas, un mal mensaje el que transmite a sus pares hemisféricos. Demuestra con claridad que para Washington la región tiene un lugar poco preponderante dentro de sus prioridades.

¿Cómo medir la eficacia de un evento así? Durante la Cumbre de Cartagena, en 2012, se dio un giro frente al problema de las drogas. En 2015, en Panamá, fue la presencia de Raúl Castro y Barack Obama. Este año Estados Unidos, con su nueva administración, ha deteriorado sustancialmente su relación con Cuba y está revirtiendo los logros en materia de lucha contra las drogas, para volver a las fallidas políticas represivas. Queda por verse lo que se pueda alcanzar con respecto a Venezuela. Sin ser un tema de la agenda de la Cumbre, la mayoría de los países quisieran adoptar medidas más radicales con respecto a Nicolás Maduro. Pero aquí surge una nueva paradoja: ¿por qué hacerlo contra Caracas y no contra La Habana? Los motivos sobran. De momento no hay consenso para actuar en la crisis venezolana, lo que dejará los pronunciamientos a nivel individual o dentro del llamado Grupo de Lima.

Frente a la lucha contra la corrupción tampoco se esperan grandes decisiones. Este grave cáncer parece llevar consigo los anticuerpos que se resisten a extirparlo. Los escándalos derivados de su influencia aparecen cíclicamente. A pesar de la desazón que causan tantos casos repudiables de malos manejos de los dineros públicos, en los últimos años la institucionalidad parece demostrar que algunos responsables pueden ser removidos del poder o ir a la cárcel. El reciente encarcelamiento de Lula en Brasil, Antonio Sacca en El Salvador, Jorge Glas en Ecuador, Amado Boudou en Argentina, Ollanta Humala, la renuncia de PPK y la orden de extradición contra Alejandro Toledo en Perú, hacen renacer la esperanza. Cuando hay voluntad política e independencia judicial se puede actuar en consecuencia. Sin embargo, varios de los dignatarios asistentes a la Cumbre enfrentan en sus respectivos países señalamientos por casos de corrupción. Lo importante es que la justicia, en estos casos, pueda operar sin limitantes y que se aplique todo el peso de la ley contra los responsables. En un Estado de derecho como tal nadie puede estar por encima de la ley.

En este momento de campaña electoral en Colombia todos los candidatos deberían comprometerse, sin excepción, a hacer cumplir la ley en este espinoso tema. Todos, sin excepción, deberían sellar un pacto para que no les tiemble la mano al momento de sancionar a los responsables, si son hallados culpables. No puede haber contemplaciones al respecto. Que el que la haga la pague tiene que ser un propósito nacional, por más ingenua que suene la propuesta. Ni el color político, ni la cercanía personal o social pueden excusa para la inacción.

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2018-04-12T21:00:00-05:00

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2018-04-12T21:13:34-05:00

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