La deserción educativa se paga cara

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Los estudiantes universitarios del país están pidiendo matrícula cero como respuesta a la crisis del coronavirus. Aunque algunas universidades públicas, utilizando recursos estatales y de los entes territoriales, han podido conceder la medida, todavía falta mucho trecho y el Gobierno nacional ha brillado por su ausencia en el liderazgo para evitar la deserción. Los expertos a escala mundial advierten que la pandemia puede provocar el atraso en la educación de toda una generación e incluso fomentar el abandono total de los estudios. Esto es una amenaza para el proyecto de una Colombia educada y preparada para los retos de un mercado laboral cambiante. Por eso hay que crear los incentivos necesarios para enfrentar el problema.

Varias universidades privadas ya iniciaron el segundo semestre del 2020 sin tener alivios por parte del Estado. Como contó Gonzalo Hernández en El Espectador, a propósito de un plan impulsado por Sergio Fajardo, hay cerca de 1,5 millones de estudiantes de educación superior (universitaria, técnica y tecnológica) en riesgo de deserción por la falta de recursos. Varias universidades privadas están en riesgo de quebrar, la educación superior técnica está asfixiada por falta de recursos y las universidades públicas están viendo cómo se profundiza su desfinanciación histórica.

El Gobierno nacional ha dicho que su inversión en educación es histórica, y es verdad; pero su inacción en tiempos de crisis está fallando ante el reto que enfrentamos.

La matrícula cero es una gran opción para paliar parte de la ansiedad que sienten los estudiantes. La Universidad de Antioquia la decretó para sus estudiantes de pregrado luego de un acuerdo entre la Secretaría de Educación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín. En Bogotá, la Universidad Distrital también se comprometió. En estos días, la Universidad Nacional anunció el alivio para 31.000 estudiantes de los 49.000 que tiene, pero hay protestantes en huelga de hambre, buscando que se extienda a todos. En Norte de Santander, se dispuso para la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS), de Pamplona (Unipamplona) y el Instituto Superior de Educación Rural de Pamplona (ISER). En Tolima anunciaron que la matrícula cero para estudiantes de estrato 1 y 2 irá hasta el 2023.

El problema con medidas tan costosas es que los recursos han salido, en buena parte, de las mismas universidades. Como dijo Jennifer Pedraza, representante estudiantil de la Nacional, “estos apoyos a la matrícula son financiados por la misma Universidad Nacional, cuyo déficit sin COVID-19 era de $44.000 millones y se duplicó por la pandemia. Esto implica menos recursos para la calidad de la educación”. Es una preocupación razonable. Dentro de todas las medidas de choque: ¿no es momento de reforzar más la inversión en educación?

La conversación sigue, pero, a medida que pase el tiempo, serán más los estudiantes que abandonen sus universidades y quizá no regresen. La urgencia debería convocar a Presidencia y al Congreso para contarle al país cómo van a frenar el abandono educativo.

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