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Los recientes incidentes entre los gobiernos de Colombia e Israel estuvieron a punto de estropear las importantes relaciones bilaterales, que afortunadamente fueron retomadas gracias a un acertado manejo diplomático. Las reuniones que sostuvo por separado el presidente Gustavo Petro, acompañado del canciller Álvaro Leyva, con los embajadores de Israel y Palestina, Gali Dagan y Raouf Almalki, respectivamente, se dieron gracias a un intenso trabajo de filigrana en el cual la diplomacia anónima de ambas partes permitió que las aguas regresaran a su cauce. Esta debe ser una lección a futuro que no se puede olvidar.
Las relaciones entre Estados deben manejarse por los canales diplomáticos establecidos. El diálogo directo es el que permite que la franqueza aclare los malentendidos. Dejar, por el contrario, que el canal sea el de las redes sociales es una vía segura a la confrontación. Más aún si, como sucedió en este caso, se utilizan los trinos de X, donde la emocionalidad del momento queda registrada sin filtro previo. Esto llevó a que, como lo hemos dicho, los cerca de cien mensajes que en pocos días envió el presidente Petro generaran un problema innecesario, en medio de un conflicto que envuelve una gran complejidad.
La mayoría de los líderes progresistas de la región condenaron el horroroso acto terrorista perpetrado por Hamás y, además, pidieron respeto por la vida de los civiles inocentes en la reacción de Israel en la Franja de Gaza. Un primer y medido comunicado expedido por la Cancillería así lo manifestó. Sin embargo, este fue cambiado al día siguiente para no contradecir lo expresado por Petro en sus trinos, donde no se pronunció sobre el terrorismo de Hamás. Las imprecisiones, medias verdades e interpretaciones que estos produjeron del lado israelí llevaron incluso a una respuesta poco diplomática del embajador de Israel.
Ante el rumbo que tomaron las cosas y como lo expresara Ricardo Silva Romero en El Tiempo, “mientras tanto, aunque nadie lo sepa ni lo vaya a saber, los diplomáticos van devolviendo los contextos, calmando los ánimos, amainando los trinos, llevándonos de la orilla de las reacciones a la orilla de reflexiones”. Gracias a ese trabajo tras bambalinas, en Israel y Colombia se produjeron sensatos comunicados, se llevaron a cabo las reuniones en Palacio y, finalmente, los dos cancilleres sostuvieron el viernes pasado una conversación telefónica que reencauzó el diálogo diplomático.
Colombia ha tenido una particular relación con Medio Oriente. Entre otros hechos importantes está el voto de abstención en la ONU, en 1947, frente al plan de partición de Palestina; el envío del Batallón Colombia N.° 2 al canal de Suez, luego de la guerra en 1956; el envío del Batallón Colombia N.° 3 a integrar la Fuerza Multilateral y Observadores (MFO), que desde 1982 sirve de garantía al cumplimiento de los acuerdos entre Israel y Egipto. Las relaciones formales con Israel datan de 1957, con la apertura de la embajada en Tel Aviv, que atiende a cerca de 6.000 colombianos en Israel, Cisjordania y Gaza. Con Palestina se dieron tras el reconocimiento en 2018 y, según informó el vicecanciller Francisco Coy, en el primer semestre del año entrante se abrirá la embajada colombiana en Ramala, donde se calcula que hay unos 1.500 colombianos. En Colombia hay importantes comunidades palestina y judía, colombianos que aspiran a que haya paz en la región. La única forma cierta de lograrlo es con un Estado de Palestina sobre la base de la Resolución 242, así como que el Estado de Israel cuente en adelante con fronteras seguras.
Más que asumir esta situación entre Israel y Hamás como un tema maniqueo de buenos o malos, lo que amerita es un urgente llamado a la cordura y al entendimiento. A condenar todo hecho que vaya en contra del derecho internacional humanitario. La diplomacia no se puede dejar llevar por la emocionalidad ni los apasionamientos.
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