La discriminación contra las superpoderosas del fútbol

No deja de tener un simbolismo perverso que lleguemos a la celebración del Día Internacional de la Mujer viendo cómo las jugadoras de la selección colombiana de fútbol femenino están siendo víctimas de la más descarada discriminación. En una fecha creada para homenajear las fuertes luchas que las mujeres han tenido que librar para superar la discriminación laboral, social y cultural, así como para recordar todo lo que nos falta en el camino hacia la igualdad real, siguen apareciendo motivos para creer que tanto en la Federación Colombiana de Fútbol como en los equipos de la Liga de Fútbol Profesional abundan los malos manejos, las malas prácticas e incluso las malas intenciones. No basta con pactar acuerdos blandos con la Vicepresidencia. El nivel de las denuncias exige una sacudida en la cúpula futbolística del país.

En una rueda de prensa realizada ayer, 13 futbolistas reiteraron todas las denuncias que se han hecho: falta de apoyo, malos tratos, acosos y terrorismo para que nadie hable ni se queje de las injusticias que han tenido que sufrir. En un audio dado a conocer durante el evento, se escucha a Álvaro González Alzate, presidente de Difútbol, ente rector del balompié aficionado en Colombia, quejándose de que la jugadora Daniela Montoya haya dado a conocer las irregularidades. “Me parece que utilizó mal medio. No sé por qué se enojaron por lo de Daniela, si me debió haber buscado a mí. Pero, entonces, ¿qué buscaba con eso? Encasillar a la dirigencia deportiva contra ella. Entonces si llegan y le dicen a Felipe Taborda (entonces técnico de la selección femenina): ‘Si la llega a llamar, hasta luego usted’. ¿Qué hago?”.

Para responder a ese “¿qué hago?”, ¿no tenía González la opción de denunciar públicamente ese tipo de comportamientos que buscaban censurar a una de las jugadoras de la selección? Prefirió el silencio y el resto es historia: Montoya nunca más fue convocada a la selección. En aquel entonces, el técnico Taborda dijo que se trataba de una “decisión técnica”. Pero el mensaje fue claro para todas las futbolistas: quien habla va a ver su carrera truncada.

Queda la amarga sensación de que la selección femenina ha sido administrada como un feudo de favores, donde las convocadas no son vistas como las profesionales que son, sino personas a las que se les está haciendo un favor. Una excusa para que la Federación Colombiana de Fútbol saque pecho a nivel internacional por sus esfuerzos a favor de la igualdad, pero que en la práctica ha dejado a muchas atletas llenas de miedo, sin futuro profesional y sin capacidad de reclamar sus derechos. Eso es discriminación.

Hablando con El Espectador, una jugadora que pidió no revelar su nombre por miedo a las represalias dijo que “si denuncias, lo que hacen es meterte a una lista en la que ningún técnico te puede volver a llamar. Ya les ha pasado a jugadoras como Daniela Montoya, Melissa Ortiz e incluso hasta la misma Yoreli Rincón. Solo que a esta última no la tocan por ser un ícono del equipo”. Otra contó que “en Barranquilla nos llegó ropa vieja y usada, con logos caídos, mal olor o manchada”. Cuando fueron a jugar en Bolivia, “tuvimos que viajar dos días. Hicimos cinco escalas y nos tocó dormir en el piso. Cuando nos dieron los uniformes, eran de hombre, tallas muy grandes”. ¿Qué es esa clase de humillación?

Para completar la situación, esta semana la Dimayor anunció que está considerando la idea de acabar la Liga Profesional Femenina, un esfuerzo que anunció con bombos y platillos como su apuesta por la igualdad, pero que ahora ve con cierto recelo. No sirvió que en pocos años de funcionamiento un equipo colombiano, el Huila, saliera campeón de la Copa Libertadores.

Las colombianas han pedido lo mínimo: tener la oportunidad de hacer carreras en el fútbol, con la dignidad que cualquier atleta merece. La respuesta de los directivos del fútbol colombiano demuestra por qué un día como hoy debe seguirse conmemorando. Falta mucho trecho para acabar la discriminación.

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