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26 Nov 2022 - 5:00 a. m.

La doble moral de Jair Bolsonaro

Bolsonaro y sus seguidores no cuestionan los resultados cuando les va bien, pero sí generan un pernicioso ambiente de duda cuando pierden.
Bolsonaro y sus seguidores no cuestionan los resultados cuando les va bien, pero sí generan un pernicioso ambiente de duda cuando pierden.
Foto: EFE - Joédson Alves

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha dado una vez más muestras de ser un mal perdedor y un irresponsable al cuestionar sin fundamento parte del reciente proceso electoral en el cual salió derrotado. Siguiendo el modelo Trump, ha ocasionado un innecesario daño a la democracia en su país al minar la validez de los comicios que le dieron el triunfo a Luiz Inácio Lula da Silva. Afortunadamente las sólidas instituciones, en especial el Tribunal Superior Electoral (TSE), no solo desestimaron la denuncia hecha por el partido de Bolsonaro, sino que le impusieron una multa significativa para que no se siga jugando al populismo electoral.

El Partido Liberal (PL), paradójico nombre para una colectividad de ultraderecha, presentó el martes pasado una impugnación contra el proceso electoral al cuestionar la idoneidad de las urnas electrónicas fabricadas antes de 2020, por un supuesto fraude en contra del actual mandatario. Manifestaron que las máquinas eran inseguras al no contar con números de identificación individuales, cuestionando unos 280.000 aparatos, es decir, el 59 % del total. De acuerdo con su señalamiento, Bolsonaro ganaría con el 51 % de los votos.

El TSE le concedió un plazo de 24 horas para presentar pruebas concretas; dado que no se hizo llegar nada concreto, el presidente del Tribunal, Alexandre de Moraes, estimó que el PL actuó de mala fe porque formuló una demanda “ostensiblemente ofensiva al Estado democrático de derecho (…) con el propósito de alentar movimientos delictivos y antidemocráticos que, incluso con graves amenazas y violencia, han venido obstruyendo carreteras y calles en todo Brasil”. Por este motivo se le impuso al partido oficialista una multa de 22 millones de reales, unos US$4 millones.

Bolsonaro perdió la segunda vuelta por 1,8 puntos porcentuales, alrededor de dos millones de votos, y no reconoció formalmente el resultado. Lo cierto es que el saliente presidente venía ambientando desde hacía varios meses una campaña destinada a descalificar al árbitro electoral y señalar que si no ganaba sería debido a un fraude que se estaba gestando. Como hecho curioso, no se dice nada de los buenos resultados obtenidos en la primera vuelta por el PL, que le permitieron alcanzar una alta representación en el Congreso, así como en algunas de las más importantes gobernaciones estatales, en especial en los estados más ricos. Aflora así la doble moral del presidente y sus seguidores, que no cuestionan los resultados cuando les va bien, pero sí generan un pernicioso ambiente de duda cuando pierden.

Todo esto apunta a preparar desde ya la candidatura de Bolsonaro para dentro de cuatro años. Para lograrlo se constituirá en el gran jefe de la oposición a Lula, con un Congreso que es en general adverso al nuevo presidente que se posesionará el 1° de enero de 2023 y en el cual su partido tiene una importante mayoría. Contará además con el poder regional de los estados donde se impusieron sus candidatos y, por último, lo más peligroso: unos seguidores radicalizados por la falsa idea de que les arrebataron las elecciones, que harán todo lo posible para que esto no vuelva a suceder. Este tipo de acusaciones irresponsables de fraude electoral, cuando el resultado es adverso, ya han creado un peligroso antecedente desde lo ocurrido en Estados Unidos, luego en Perú, también con sectores de la derecha radical en Colombia y ahora en Brasil.

La decisión del TSE de imponer una fuerte sanción pecuniaria es un buen ejemplo para tener en cuenta hacia futuro en otros países. Una denuncia sin fundamento, alimentada previamente por un discurso populista de descalificación y de odio, frente a un resultado que fue validado tanto por el órgano electoral como por observadores internacionales, en este caso de la OEA, debe no solamente ser desestimada, sino que sus promotores deben afrontar pecuniariamente el hecho de obrar con mala fe.

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