La importancia de la libertad de cultos

El protestantismo ha estado acompañando los procesos de apertura democrática y de reconocimiento de la diversidad religiosa en el país. / El Espectador

Hoy se cumplen 500 años desde que Martín Lutero, en la víspera del Día de Todos los Santos, clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Se trataba de su oposición a una Iglesia católica a la cual denunciaba como corrupta, enamorada del dinero y altamente excluyente. Cinco siglos después, los aportes del protestantismo al mundo y a Colombia son un motivo para defender la libertad de cultos y la capacidad de cuestionar incluso lo más sagrado.

La crítica de Lutero fue una reacción directa al papado de León X (Juan Lorenzo de Médici), quien había asumido su cargo en 1513. En aquel entonces, el papa quería construir la catedral de San Pedro, para lo que necesitaba vastos recursos, por lo que apeló a los vendedores de indulgencias. Básicamente, se difundió como el fuego la práctica de pedir dinero a cambio del perdón divino de los pecados.

Por eso, y por otros problemas con la manera como la jerarquía de la Iglesia estaba interpretando las enseñanzas de la Biblia, Lutero redactó el documento con sus 95 tesis. En ellas, como escribió Laura Muñoz en El Espectador, pedía “la exaltación de la fe y el amor a Dios por encima de las penitencias, la consagración de la Biblia como autoridad espiritual, la urgencia de terminar con el celibato, la eliminación de las jerarquías religiosas o el acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal”.

Aunque la Iglesia católica creyó que el movimiento de Lutero no tendría gran repercusión, sus críticas se esparcieron por el mundo a tal punto que hoy hay cerca de 800 millones de cristianos protestantes. El papa Francisco, jerarca del catolicismo, se unió a las celebraciones de los 500 años de la Reforma como una invitación a la unidad y dijo que “aunque divididos por dogmas, los cristianos pueden y deben trabajar y rezar juntos. Si no lo hacemos, nos hacemos daño”.

Por su parte, Martín Junge, secretario general de la Federación Luterana Mundial, dijo que “esto conlleva que nos acerquemos a los seres humanos en su realidad y nos comprometamos a ayudarlos. Sólo una Iglesia que sale a la arena pública y da testimonio de su fe en relación con las preocupaciones de los ciudadanos asume su responsabilidad para el mundo único”.

En Colombia, particularmente, el protestantismo ha estado acompañando los procesos de apertura democrática y de reconocimiento de la diversidad religiosa en el país. Como su origen parte de una crítica a lo que se consideraba sagrado, sus representantes han defendido la importancia de la libertad de cultos y la protección de la intervención por parte del Estado y de cualquier poder.

Ese derecho, reconocido por la Constitución de 1991, debe ser defendido de manera vehemente en esta Colombia de fanatismos envalentonados. Todos los representantes de las religiones deberían partir de la base del respeto por la diferencia y del derecho que todos los colombianos tienen para creer en lo que ellos consideren más apropiado para su espiritualidad.

Lamentablemente, lo que se ve en la arena política nacional es que están resurgiendo los discursos donde se propone que sólo hay una religión que debería tener lugar en nuestro territorio y que, por ende, las leyes deben elaborarse con base en sus interpretaciones de la Biblia.

Ante eso, el aniversario de la Reforma protestante debe ser un momento para recordar la importancia del disenso, y lo mucho que ganan las sociedades cuando abren sus puertas a las críticas, aceptando la diversidad de experiencias y visiones de todos sus miembros.

 

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