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25 Oct 2021 - 4:59 a. m.

La importante captura de “Otoniel”

La captura de alias Otoniel es un triunfo para la inteligencia colombiana, la fuerza pública y la lucha contra el crimen.
La captura de alias Otoniel es un triunfo para la inteligencia colombiana, la fuerza pública y la lucha contra el crimen.
Foto: Policía Nacional de Colombia

La captura de Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel, es un triunfo para la inteligencia colombiana, la fuerza pública y la lucha contra el crimen. Los detalles de la persecución al líder del Clan del Golfo, que duró por lo menos ocho años de trabajo incansable y cuidadoso, dan cuenta de las capacidades que la Policía y el Ejército han podido desarrollar en estos años. También muestran un Estado fuerte capaz de enfrentar a los peores capos del narcotráfico. Aunque la guerra contra las drogas sigue teniendo un enfoque caduco y los vacíos de poder llevarán a más violencia, en la estrategia macro es importante que Colombia pueda demostrar que quienes se oponen a las instituciones enfrentarán todo el peso de la ley.

Otoniel es el responsable de una organización criminal que tiene más de 3.800 integrantes con influencia en doce departamentos y 128 municipios de Colombia (aunque datos de la Fundación Paz y Reconciliación suben la cifra de influencia a 211 municipios en Colombia). El Clan del Golfo es el que envía la mitad de la droga que sale de Colombia con destino a otros países y es el principal exportador hacia México. Sus lazos con Joaquín el Chapo Guzmán son bien documentados y Otoniel tenía la ambición de ocupar el vacío de poder que dejó la captura del capo mexicano.

Además de la desestabilización que genera en un país la presencia de un grupo del narcotráfico tan poderoso como el Clan del Golfo, no puede descontarse el impacto de la violencia que trae consigo. A Otoniel lo buscaban por docenas de crímenes, seis sentencias que ya están en firme y al menos dos órdenes de extradición de Estados Unidos. Los crímenes incluyen extorsión, homicidios selectivos contra líderes sociales, desplazamiento forzado, corrupción y acciones armadas contra la población y la fuerza pública. Como explicaron la Policía y el Ejército al momento de la captura, “sus finanzas criminales están ligadas al manejo del tráfico internacional de cocaína hacia Centroamérica y Europa (...). Este resultado operacional impacta de manera directa el componente estratégico, estructural y financiero del Clan del Golfo, logrando desestabilizar la línea de mando de la organización criminal, al neutralizar al principal articulador y responsable del tráfico internacional”.

Entonces, la captura de Otoniel es un triunfo monumental. Hay quienes han señalado que el vacío de poder creado por esta operación creará más violencia. Es verdad. También es cierto que estamos lejos de eliminar el narcotráfico en Colombia y sus tentáculos en toda la vida pública. Pero eso muestra las limitaciones de una estrategia a punta de garrote contra las drogas, cuando ya hemos visto que no es suficiente.

Empero, que el Estado muestre su capacidad operativa es parte esencial de cualquier ataque a la criminalidad. El mensaje es claro: ni siquiera los capos más poderosos están más allá de la ley colombiana. La clave es poder convertir esa superioridad policial y militar en presencia estatal para debilitar aún más las estructuras criminales. La batalla continúa, pero la captura de Otoniel es un gran avance.

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