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EE. UU. bombardeó niñas: la ligereza con la barbarie no hace un mundo mejor

El Espectador

12 de marzo de 2026 - 12:59 a. m.
Los pesos y contrapesos, la vigilancia desde la sociedad civil y los medios de comunicación, la exigencia de rendir cuentas son características esenciales para tener sociedades libres. Un hombre realiza este sábado una llamada por teléfono en el Hospital Gandhi de Teherán que resultó dañado en un ataque de Estados Unidos e Israel el 1 de marzo.
Foto: EFE - Jaime León
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Un día de clases cualquiera, 175 maestros y niñas estaban en la escuela primaria Shajarah Tayyebeh, en la ciudad de Minab, en Irán. El día escolar llevaba pocas horas de haber empezado cuando llegó una alerta: Estados Unidos e Israel habían comenzado un ataque con bombardeos en ese país, por lo que era urgente evacuar. Mientras esperaban que sus padres llegaran a recogerlos, un misil Tomahawk de fabricación estadounidense —una de las armas más letales de la guerra moderna— cayó sobre el colegio. Fueron asesinados. Hay fotografías de madres en llanto, imágenes de los rescatistas entrando a un edificio destruido y también una foto satelital de las más de 100 tumbas que se tuvieron que cavar para los muertos.

Mientras todo eso ocurría, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se presentaba como el salvador de Irán, le decía al pueblo que se tomara el Gobierno y sacaba pecho por el asesinato de los líderes del régimen islámico. Hace unos días, cuando le preguntaron por la escuela bombardeada, respondió a su estilo: “en mi opinión, con base en lo que he visto, esto lo hizo Irán. Ellos son muy imprecisos, como todos sabemos, cuando usan sus armas. No tienen nada de precisión. Lo hizo Irán”.

Incluso cuando lo dijo, ya había serias sospechas de que estaba mintiendo. Un informe preliminar del propio ejército estadounidense confirma la verdad: el ataque fue enviado por el Gobierno de Trump. Aunque es un resultado “preliminar” que el mundo solo ha podido conocer gracias a fuentes reservadas que hablaron con The New York Times, se une a los videos analizados por distintos medios en los días posteriores al ataque. También responde a una realidad innegable: el único ejército en esta guerra que usa los Tomahawk es el de los Estados Unidos.

Las fuentes expertas lo llaman un “error”. De alguna manera se transmitió información de inteligencia desactualizada. Sí, el espacio que ocupaba la escuela antes pertenecía a las Guardias Revolucionarias de Irán. Sin embargo, por lo menos desde el 2016 se sabía del cambio en su uso. Incluso imágenes satelitales accesibles por Google Earth estaban más al día que la información del ejército estadounidense. Con el ataque a la escuela también se golpeó una base naval que quedaba cerca, pero las reglas del derecho internacional humanitario son claras: no se pueden atacar lugares con presencia escolar y de civiles así estén cerca de objetivos militares.

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Por esta razón es que tratar la guerra de manera impulsiva y facilista, como si fuera un cuento de superhéroes que van a salvar pueblos oprimidos, es caer en una trampa mortal. Donald Trump ya está hablando de salirse del conflicto presionado por el aumento de los precios del petróleo, mientras en Irán no han terminado de contar los muertos y hay serias dudas sobre quién está al mando del país. La ligereza con la que el presidente estadounidense miente demuestra la urgencia de tener mecanismos independientes de verificación. Las Naciones Unidas, impotentes para actuar, solían por lo menos ser un espacio respetado para distinguir la realidad de la ficción, pero ya ni esa labor han podido hacer. Aunque los populistas con delirios de mesías quieren tener el poder absoluto de hacer lo que se les antoje, el sistema de pesos y contrapesos, la vigilancia desde la sociedad civil y los medios de comunicación, así como la exigencia constante de rendir cuentas, son características esenciales de las sociedades libres. Todo eso está bajo ataque por los Trumps del mundo y por quienes los aplauden sin reflexión alguna. El mundo no puede ser uno donde se asesinan cientos de niñas que solo estaban en el colegio educándose y nadie se haga responsable.

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