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El País de España incluyó a varios países de América en su sexta entrega de un informe sobre casos de pederastia en la Iglesia católica y los hallazgos son descorazonadores, indignantes y necesitan una respuesta contundente del Vaticano. De los 21 testimonios contra 24 acusados en países de nuestro continente, Colombia aportó ocho testimonios que acusan a 13 sacerdotes. Adicionalmente, después de la publicación de la información, Caracol Radio le dio voz a una persona que acusó al difunto cardenal Pedro Rubiano Sáenz, quien fue la máxima autoridad de la Iglesia en nuestro país. Es inaceptable que el Congreso tenga represado el proyecto de ley que crearía una suerte de comisión de la verdad para todos los casos de este tipo que ocurrieron en Colombia.
El horror que vivieron tantos niños, niñas y adolescentes no se puede normalizar; sus testimonios no pueden convertirse en paisaje. Se trata de personas que sufrieron abusos y cuyas vidas quedaron condenadas a vivir con ese dolor. Son comunes los testimonios de aquellos que presentaron las quejas ante la Iglesia, solo para recibir silencio u hostilidad en su contra. No son casos aislados: gracias a la investigación de Juan Pablo Barrientos y Miguel Ángel Estupiñán ya conocíamos cientos de situaciones similares, mientras que en España el periódico El País ha documentado 3.084 casos contra 1.613 religiosos y laicos. ¿Cuántas personas más tienen que gritar para que comprendamos que estamos ante uno de los grandes crímenes sistemáticos de la historia de la humanidad?
En el relato sobre los testimonios de Colombia, el caso de Marco Rakower es particularmente doloroso. Según cuenta El País, a Rakower lo abusaron por primera vez a los diez años en la iglesia de San Francisco, de Bogotá; después en el Colegio Mayor de San Bartolomé, cuando tenía 12 años; y después en repetidas ocasiones en el seminario menor de la arquidiócesis de Bogotá. Su testimonio desgarrador debe resonar en el país entero: “A mí me quitaron la oportunidad de conocer el amor y el afecto físico cuando era niño. Me enseñaron que solo había abusos y violaciones. Ese daño no se repara nunca”.
Los detalles, dolorosos, arrojan patrones sistemáticos que han sido documentados en Colombia y en otros países. Por lo general hay niños, niñas y adolescentes en condición de vulnerabilidad, miembros de la Iglesia que se aprovechan de la confianza que inspira esa institución, y después una burocracia que parece diseñada más para silenciar, para garantizar la complicidad, que para buscar la verdad y para reparar a las víctimas. El denunciante del cardenal Rubiano Sáenz contó en Caracol Radio que le envió una denuncia al Vaticano y jamás recibió respuesta.
Estos casos, con todos sus detalles, fueron entregados al papa León XIV, quien ha mostrado interés por seguir el camino de enmienda y reparación que empezó el papa Francisco. Ojalá el Vaticano comprenda que se trata de una urgencia moral y de un imperativo histórico. En nuestro país cursa un proyecto de ley que pretende crear una comisión de la verdad con recursos suficientes para investigar qué ocurrió, pero está en riesgo de hundirse por la oposición de la Iglesia y sus aliados políticos. Esa es una actitud irresponsable. Necesitamos transparencia, necesitamos verdad y un ápice de justicia.
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