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18 Mar 2022 - 5:00 a. m.

La promesas de Gabriel Boric

Si Gabriel Boric logra ser un reformista sin abandonar las formas democráticas, le hará un gran aporte 
a la región. / Fotografía: Alberto Valdés (EFE)
Si Gabriel Boric logra ser un reformista sin abandonar las formas democráticas, le hará un gran aporte a la región. / Fotografía: Alberto Valdés (EFE)
Foto: EFE - Alberto Valdés

Un papel clave que tiene el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, en el ámbito internacional es demostrar que las agendas disruptivas que piden reformas estructurales pueden hacerse desde el sano respeto a la democracia y a la diferencia de opiniones. En una región como la latinoamericana, que se mueve entre populismos mesiánicos de derecha, como el de Nayib Bukele en El Salvador, y autoritarismos negligentes, como el de Venezuela, el recién posesionado mandatario de Chile ha prometido ser una bocanada de aire fresco. Hasta ahora sus decisiones parecen ir bien encaminadas.

El problema de los gobiernos del autoproclamado Socialismo del Siglo XXI es que cayeron muy rápido en el sectarismo y los cantos de sirena del autoritarismo. Es así como el discurso favorito fue el de “ellos”, la élite perversa en la que entraba cualquiera que no comulgara con sus designios, y “nosotros”, la izquierda salvadora. Lo vimos en Argentina, lo vimos en Venezuela, lo vimos en Bolivia y lo vimos en Ecuador, con un Rafael Correa que, por ejemplo, no soportaba disenso alguno y aún está buscando regresar. En medio de eso, cualquier discusión sobre reformas sociales quedaba secuestrada por los personalismos y los ataques a las libertades individuales, polarizando sus países.

Por eso Boric despertó tanto temor en ciertos sectores. Y es que en su ADN está la cercanía al Partido Comunista Chileno, conocido por posiciones extremas. Pero, por fortuna, en segunda vuelta el ahora presidente comprendió que uno no puede llegar a un cargo tan alto sin construir alianzas amplias, moderadas y razonables. En su actuar desde que llegó al poder ha por lo menos dado luces de que seguirá en esa actitud.

Por ejemplo, en algo tan sencillo como su rechazo a la dictadura nicaragüense y lo que ha hecho recientemente contra sus opositores. Es refrescante que un líder de izquierda se desmarque cuando hay claros gestos autoritarios, cosa que no hacen sus similares en la región. Contrasta estruendosamente, también, la actitud cómplice de Venezuela con la invasión rusa a Ucrania, mientras que el presidente chileno salió a defender los valores democráticos. Son gestos de sentido común que tienen un potencial simbólico clarísimo.

Ahora, en términos más prácticos, Boric ha mostrado en la conformación de su gabinete que quiere ser proactivo y no destructivo. Como ministro de Hacienda nombró a Mario Marcel, quien fue presidente del Banco Central de Chile, en un gesto de sensatez y continuidad. Contrasta, nuevamente, con aquellos candidatos que consideran que para ejercer reformas hay que destituir todo lo que huela a “élite”.

En la elección de los partidos de su gobierno, asimismo, mostró que entiende que para gobernar se necesitan coaliciones generosas. Repartió ministerios entre varios partidos dentro de la izquierda, sin quedarse en el Partido Comunista, y además nombró a personas independientes con alto reconocimiento moral por su idoneidad para los cargos que ahora ostentan.

América Latina y el mundo necesitan izquierdas y derechas democráticas, comprometidas con la construcción de Estado a partir del diálogo y el consenso. Si se cumplen las promesas de Boric, es una buena noticia para nuestro continente.

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