La puerta se cerró para Rafael Correa

Ecuador parece resistirse al autoritarismo de los líderes que se perpetúan en el poder. / AFP

El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, logró una amplia victoria en el referendo del domingo anterior cuando logró que se aprobaran, con un promedio del 65 %, siete importantes temas. Entre ellos, prohibir la reelección indefinida. De esta manera se le cierra el paso al expresidente, y hoy principal opositor, Rafael Correa, al Palacio de Carondelet. De otro lado, con una medida que debería imitarse aquí, se inhabilita de por vida a los funcionarios condenados por corrupción.

El importante resultado revierte una perniciosa tendencia instaurada por movimientos populistas y caudillistas de derecha o de izquierda. Tanto Alberto Fujimori, como Hugo Chávez, Rafael Correa, Daniel Ortega y ahora Evo Morales, quien no ha podido entronizarse aún indefinidamente, siguieron el mismo camino: modificar la Constitución de sus propios países para lograr la reelección y, más adelante, poder hacerlo de manera indefinida, normalmente bajo la imagen mesiánica de considerarse las únicas personas capaces de sacar a sus propios países adelante, frente a “los graves peligros que los acechaban”. Sin embargo, estas experiencias terminaron en gobiernos autoritarios o dictaduras, como en la Venezuela de Nicolás Maduro. De ahí la importancia de lo ocurrido en Ecuador.

Es importante aclarar, de todos modos, que Correa continúa teniendo una fuerza política importante. Más del 30 % de los votantes mantuvieron su apoyo al líder que quiso instalar en el país la doctrina chavista del socialismo del siglo XXI. Luego de abandonar su propio partido, ante el sustancial cambio de dirección que aplicó el actual mandatario, su protegido, a nombre de Alianza País (AP), Rafael Correa se vio forzado a crear uno nuevo: Movimiento Revolución Ciudadana (MRC). En la otra orilla, por el Sí, se unieron a AP los demás opositores de centro y derecha que adversaban a Correa. Ese fue un cálculo político fríamente hecho por el oficialismo que, de paso, logró colocarle varias estocadas a su antiguo líder.

De esta manera, aunque perdió una importante batalla, Rafael Correa sabe que aún queda mucho en juego. Su partido aparece como el movimiento político mayoritario y mantiene una importante representación parlamentaria que va a bloquear al Gobierno. Como hecho paradójico, quien ungió a Lenín Moreno y lo acompañó en la campaña se convierte ahora en su némesis ante los importantes cambios reformistas que está llevando a cabo. En especial en materia de lucha anticorrupción. No es gratuito que Jorge Glas, persona de total confianza de Correa y quien era la fórmula vicepresidencial de Moreno, haya terminado destituido y procesado, junto con otros funcionarios del anterior gobierno, por el escándalo Odebrecht.

También se aprobó la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, “así como dar por terminado el período constitucional de sus actuales miembros”. Dicho Consejo debe escoger los integrantes de los principales entres de control. De esta manera se descabezó un bastión del correísmo, que considera que se ha violentado la Constitución. Rafael Correa, quien durante su permanencia en el poder denostó a la OEA, la Carta Democrática y algunos de sus instrumentos de derechos humanos, no tuvo ningún problema en acudir al ente hemisférico, y a su secretario general, Luis Almagro, para pedir que se aplicara la Carta Democrática en contra del actual mandatario. Las vueltas que da la vida.

De otro lado, también se aprobaron otros importantes temas. Entre ellos la no prescripción de “los delitos sexuales en contra de niñas, niños y adolescentes”, la prohibición de la minería metálica “en todas sus etapas en áreas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos”, incrementar la zona intangible en al menos 50.000 hectáreas y reducir el área de explotación petrolera autorizada por la Asamblea Nacional en el Parque Nacional Yasuní de 1.030 hectáreas a 300 hectáreas. Vienen tiempos interesantes para Ecuador. 

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