La reconstrucción pendiente

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Se cumplieron los 100 días prometidos por la administración de Iván Duque para comenzar la reconstrucción de Providencia y Santa Catalina, pero la ejecución va demorada. Eso ya lo sabíamos. El mismo presidente dijo hace poco que el estimado es cumplir lo prometido en el primer trimestre del año entrante. El Gobierno también ha circulado la idea de que a finales de este año ya habrá un 95 % de la reconstrucción finalizada. Eso, nos parece, es lo más importante: que las islas no sean olvidadas, más allá de la rimbombancia del plan cien. Sin embargo, la desconfianza de los pobladores y sus preocupaciones por el influjo de trabajadores a un territorio frágil y sin recursos deben ser atendidas.

El huracán Iota destruyó el 98 % de las casas y edificios de las islas, y también afectó seriamente los ecosistemas naturales. En respuesta, el presidente Duque anunció que en cien días se reconstruirían y repararían unas 1.200 casas. A la fecha, el proceso va demorado y no se cumplió la promesa. No obstante, hace poco el presidente Duque dijo que “estamos implementando el plan cien, que permita acelerar toda la reconstrucción de infraestructura para que en este año tengamos la gran mayoría de retos de infraestructura resueltos y una pequeña parte en el primer trimestre del 2022”.

Eso involucra una dedicación presupuestal de $1,2 billones, articulada por 21 entidades del Estado y gerenciada por Susana Correa, directora del Departamento de la Prosperidad Social. También, hace poco, Correa explicó: “Tenemos acciones sugeridas. La primera es restablecer los servicios públicos, energía, agua y telecomunicaciones; y la segunda, con relación a infraestructura, es la aplicación de normas de construcción segura, robustecer las políticas de infraestructura social y vivienda”. Findeter dice que a finales de este año tendrán un 95 % de ese plan ejecutado.

Hay, no obstante, varias preocupaciones expresadas desde las islas. Como escribió Tatiana Acevedo Guerrero en su columna para El Espectador, “antes de Iota, ya Providencia tenía mal acceso al agua, la salud, la luz eléctrica y la educación. Esto sucedía por décadas de racismos estructurales y andanadas de migraciones sin control para ‘colombianizar’ el archipiélago”. Por eso, como le dijo Alberto Gordon May, presidente de la Autoridad Raizal, a la columnista: “Dudamos de que haya reconstrucción en los próximos mil días”.

Esperamos que no sea así. Especialmente, que la reconstrucción no sirva de excusa para desestabilizar el frágil equilibrio de Providencia. Como contó El Espectador, un decreto del Ministerio del Interior expedido para facilitar la llegada de contratistas del Estado a la isla ha sido recibido con desconfianza. Un territorio sin suficientes recursos naturales y con poco espacio no podría soportar que aumente la cantidad de población que se quede en la isla. Eso lo sabemos por las enseñanzas históricas que nos traen los errores del pasado. Más ahora que la zona quedó afectada en su vegetación por los daños de los huracanes.

La mano extendida hacia las islas debe continuar. Hemos celebrado la contundente asignación de recursos por parte del Gobierno y esperamos que las promesas se cumplan. Pero no se deben descuidar las voces locales que, todavía con el trauma reciente y viviendo en un territorio destruido y con pocos servicios disponibles, están prendiendo las alertas.

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