En el discurso del domingo en la noche se refirió a varios retos importantes que deberá afrontar en su gobierno, los cuales hemos valorado de manera positiva. Al respecto, vale la pena resaltar las maltrechas relaciones internacionales por las cuales atraviesa el país, en especial con los vecinos.
Tras concluir la primera vuelta, el entonces candidato aseveró no reconocer “enemigos internos ni externos”, lo cual fue interpretado con toda razón como un gesto muy positivo hacia Caracas y Quito. La noche del triunfo, el electo presidente ratificó y amplió el postulado inicial al decir que todos los gobiernos pueden considerarlo como un aliado que obrará sobre la base de la diplomacia y que desea una región más unida, atendiendo a estrategias nacionales y regionales. “En las relaciones conflictivas siempre hay dos alternativas: mirar con amargura hacia el pasado o abrir caminos de cooperación hacia el futuro. ¡Los invito a abrir caminos, por el bien de nuestros pueblos!”, dijo Santos. Es decir que frente al sombrío panorama externo de la era Uribe se privilegiarán los caminos del entendimiento sobre los de la confrontación.
Durante la actual administración se evidenció un excesivo manejo personalista del Primer Mandatario en los asuntos externos; se escucharon con frecuencia voces disonantes e inapropiadas intervenciones de altos funcionarios gubernamentales en tan delicado tema, amén del debilitamiento de la Cancillería y de la carrera diplomática, ante los excesivos apetitos burocráticos de la Presidencia. De ahí que las anunciadas buenas intenciones de Santos se perciban como un bálsamo que busca “enmendar la plana”.
Las cosas parecen estar dándole la razón. Luego de que el presidente Hugo Chávez aseverara que no habría mejoría en las relaciones con un gobierno santista, desde Miraflores se fue bajando el tono, hasta llegar a un comunicado parco, pero alentador, frente al nuevo gobierno. Con Ecuador las cosas van mucho mejor, pues el presidente Rafael Correa llamó a felicitar a Juan Manuel Santos y se anuncia su presencia en la posesión. Son señales positivas las que llegan desde ambas fronteras, y las cuales hay que aprovechar en este período, donde las buenas intenciones deben cimentarse. Es cierto que las relaciones con Venezuela tienen un natural componente de conflictividad, no sólo por los problemas derivados de la vecindad, sino por la búsqueda permanente de Chávez de un enemigo externo al cual adjudicarle sus reiterados fracasos internos. Sin embargo, y como lo afirmó con realismo el presidente electo, hay que construir para el futuro y dejar de lado, al menos de momento, las prevenciones y recriminaciones mutuas.
La estrecha relación con Estados Unidos va a continuar jugando un papel esencial en la política exterior del nuevo gobierno, en especial por la cercanía que Santos tiene con dicho país, atendiendo temas sensibles en Washington, como los Derechos Humanos y la aprobación del TLC con Colombia. Es natural pensar que la Casa de Nariño va a privilegiar en su momento la afinidad con gobiernos como los de México, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica y Honduras, pero al mismo tiempo su anuncio de estrechar los vínculos con todos los países de la región es un paso en la dirección correcta.
Dado lo anterior, la escogencia de María Ángela Holguín en la Cancillería, una persona con experiencia y conocimiento del mundo diplomático, el manejo y las habilidades de negociación requeridas para tratar, en especial, con nuestros vecinos, así como una visión moderna y clara de las relaciones internacionales, es el complemento indispensable para recomponer el camino y avanzar hacia el futuro.