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La soberbia es una pésima reacción ante la tragedia

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27 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
La Fuerza Pública debe tener garantía de que su Estado la cuida, la protege y le agradece. Eso requiere reconocer errores, escuchar las voces técnicas y dejar el afán por ‘likes’.
La Fuerza Pública debe tener garantía de que su Estado la cuida, la protege y le agradece. Eso requiere reconocer errores, escuchar las voces técnicas y dejar el afán por ‘likes’.
Foto: EFE - Putumayo Al Revés
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Cuando el país todavía no puede comprender la muerte de 61 miembros del Ejército Nacional, seis de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) y dos de la Policía Nacional, el presidente de la República, Gustavo Petro, se ha autoproclamado experto en lo ocurrido, ha difundido desinformación sobre la “compra” del C-130 Hércules accidentado y ha entablado contradicciones públicas hasta con miembros de alto rango de las Fuerzas Armadas. La oposición política tampoco ha estado a la altura, vale decir, buscando votos entre las cenizas. En esta Colombia polarizada y cruel, cualquier excusa es válida para los réditos políticos, mientras que las soluciones de fondo no aparecen.

Al cierre de esta edición, no hay dictamen técnico sobre por qué el Hércules se precipitó a los pocos momentos de haber despegado en Puerto Leguízamo, Putumayo. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, dijo que “la aeronave se encontraba en condiciones de aeronavegabilidad y la tripulación estaba debidamente cualificada”. En alocución pública, el general Carlos Fernando Silva Rueda, actual comandante de la Fuerza Aeroespacial, le explicó al presidente que con los cuidados adecuados la aeronave podía seguir funcionando por otras cuatro décadas. Sin embargo, el presidente lo corrigió. El mandatario ya se había lamentado por “dificultades burocráticas en la administración militar”, culpó al Congreso por no aprobarle la reforma tributaria y sacó el espejo retrovisor: “quieren evadir la responsabilidad del gobierno de Duque. Pediré el listado de oficiales y funcionarios públicos que tienen responsabilidad en la adquisición del mantenimiento de la nave”. Habló en un momento de “compra”, a pesar de haberse tratado de una donación. Y así.

Todo esto lleva a una pregunta obvia: si el presidente tenía tan claro que los aviones actuales son un riesgo para las Fuerzas Armadas, ¿por qué no ordenó que se dejaran de usar hasta que hubiera un reemplazo? En estos tres largos años de gobierno, ¿quién estuvo a cargo del mantenimiento, cuidado y garantía de calidad? Los demás siempre tienen la culpa, la Casa de Nariño jamás comete un error. El presidente Petro repite constantemente que él es el comandante de las Fuerzas Armadas. Su constante desconocimiento, impulsividad y falta de decisión parecen contradecirlo.

Eso no quiere decir que la oposición haya tenido altura. Marta Lucía Ramírez, quien fue vicepresidenta y canciller, escribió: “jóvenes soldados apenas empezando sus vidas para terminar perdiéndolas por un gobierno irresponsable que no los cuida, ni equipa y como siempre busca culpables. Mucho agradecerían sus familias si en lugar de ufanarse x salarios los protegieran”. ¿Qué tiene que ver el aumento del salario mínimo, genuinamente celebrado entre las tropas, con esto? Cuando ese es el tono de la discusión, la tragedia se convierte en un objeto manipulable.

Lo que necesitamos es lo que no nos han dado: respuestas. Primero, que la investigación experta concluya por qué ocurrió el accidente. Segundo, que haya un dictamen técnico, no según el parecer del presidente, sobre si los Hércules restantes pueden seguir en funcionamiento. Tercero, que en el debate político se converse sobre lo difícil que está siendo financiar a las Fuerzas Armadas en medio de un Estado cada vez más raquítico y endeudado. Cuarto, sí, identificar si hay responsabilidades políticas: ¿hubo improvisación en el pasado gobierno?, ¿la hubo en este? El juez en esa última pregunta no puede ser, claro, el mandatario ni tampoco los miembros del gobierno pasado. Quinto, las familias deben ser acompañadas y, sexto, pero quizás más importante, se les debe poder garantizar a todos los miembros de la Fuerza Pública que su Estado los cuida, los protege y les agradece el servicio que hacen por la patria. Eso requiere humildad, reconocer errores, escuchar las voces técnicas y dejar a un lado el afán por ganar “likes” en redes sociales.

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