Este año y medio de pandemia nos debe haber enseñado la importancia de la cautela. Con la aparición de ómicron, la nueva variante de COVID-19 detectada en Sudáfrica, el mundo entró en un momentáneo pánico. Estados Unidos y la Unión Europea tomaron decisiones apresuradas de prohibir viajes desde varios países de África, a pesar de que una medida de ese estilo solo sirve para causar más sufrimiento económico y social en los lugares estigmatizados. En general, se sintió la angustia de un mundo que no quiere regresar a los confinamientos del año pasado. Pero la información reciente muestra que seguimos teniendo las mejores defensas contra la pandemia.
En Colombia, el liderazgo del Ministerio de Salud y Protección Social ha sido ejemplar. Mientras en otros países se hablaba de prohibiciones y restricciones, lo que recibimos de los funcionarios fue una apelación al sentido común. Julián Fernández Niño, director de Epidemiología y Demografía del Ministerio de Salud, dijo: “No podemos tomar medidas como el cierre de vuelos, dado que aquellos lugares donde se detectan las variantes no necesariamente son los lugares donde circula. Con ello se estaría discriminando y castigando a aquellos países con mayor capacidad de vigilancia genómica y que reportan de manera disciplinada a la OMS y a los sistemas internacionales”. Estamos de acuerdo. Además, los días le han dado la razón: con o sin prohibiciones, ómicron ya ha sido detectada en más de 20 países y se teme que su difusión sea mucho mayor.
Esto es lo que sabemos: un estudio preliminar en Sudáfrica encontró que ómicron puede tener una tasa superior de reinfección de COVID-19. Aún no sabemos si las vacunas en su configuración actual sean suficientes para proteger contra la nueva variante, pero la mayoría de los expertos coinciden en que la reducción de muertes y hospitalizaciones por casos graves sí continuará. Es decir que con las herramientas que tenemos estamos protegiendo las vidas y no es volver a como nos encontró la pandemia en marzo del año pasado. Hará falta que en una semana o dos sepamos mucho más de la variante, pero la respuesta es siempre la cautela, no el pánico irracional.
Entonces es necesario insistir en que todos los colombianos deberían vacunarse. No hay excusas. No hay desinformación que valga. Las campañas antivacunas que toman fuerza en redes sociales son cómplices del desastre. Cuanto más tiempo tardemos en tener a toda la población posible vacunada, más probabilidad habrá de que seamos vulnerables a nuevas variantes. Con el número de casos aumentando, es una irresponsabilidad evitar la vacunación teniendo las dosis disponibles desde hace tiempo. Quienes ya pueden tomar la tercera dosis de refuerzo, especialmente si son mayores de 50 años, deben hacerlo.
Por fortuna, las cifras son alentadoras. El presidente Iván Duque anunció, a finales de la semana pasada, que “superamos 58 millones de dosis (de vacunas) aplicadas y 25 millones de esquemas completos de inmunización”. Eso implica que la mitad del país está protegido. La cifra debería ser mucho más alta, pero hay disposición y todo un plan de vacunación que está funcionando.
Mientras tanto, nos quedan las herramientas que conocemos: distanciamiento social, lavado de manos, ventilación y uso de tapabocas. Tan sencillo y tan poderoso como eso. Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud, dijo que “cada vez que bajamos la guardia, el virus cobra impulso”. No bajemos la guardia, sigamos actuando con cautela.
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