La vida íntima de las celebridades

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Esta semana se publicaron, nuevamente, fotografías privadas de actrices famosas de Hollywood en internet. Las más recientes víctimas fueron Rosario Dawson, Miley Cyrus y Suki Waterhouse, que se unen a una lista creciente de mujeres que este año han visto cómo hackers publican material obtenido de manera ilícita que luego es difundido y consumido por millones de personas en la red. Como persisten las voces que insisten en que si las mujeres quieren evitar este problema simplemente deberían nunca tomarse fotografías desnudas, y como no sólo les ocurre a personas famosas, quisimos dedicar este espacio para recordar que este tipo de acto es, como lo han dicho sus víctimas, una violación inaceptable.

El patrón ya es, lamentablemente, conocido. Algún hacker explota fallas en la seguridad de las cuentas de las actrices, accede a sus archivos guardados en la nube y publica las fotografías más íntimas. Internet enloquece con millones de usuarios compartiendo el material sin detenerse un momento a pensar en lo que están haciendo. Cuando deciden comentar algo, las celebridades cuentan cómo se sienten violadas. Las autoridades intentan encontrar a los responsables y, ocasionalmente, como en el caso del 2016, lo encuentran y condenan a 18 meses de prisión. Pero la situación volverá a ocurrir. ¿Por qué sigue habiendo un público para este tipo de material?

Primero, porque las personas excusan demasiado fácilmente su comportamiento. Dicen que se trata de celebridades (por lo tanto, personajes públicos) y que, además, si no querían que las hackearan, no debieron tomarse esas fotografías.

Si bien es cierto que los personajes públicos renuncian a una porción de su intimidad, los espacios donde el resto del mundo puede posar su mirada están delimitados por el genuino interés público. ¿Quién puede argumentar que las fotografías publicadas son de interés general, más aún cuando claramente tenían un destinatario determinado y preciso?

El otro argumento es uno muy común, que culpa a las mujeres de todos los males que les pasan (“la violaron por salir vestida así”, es una frase muy popular en nuestro país). Pero el problema de toda esta situación no es que una mujer haya querido enviar ese tipo de contenido en el marco de su vida privada, sino que alguien se sintió con la potestad de violar ese espacio, robar las fotografías, compartirlas con el mundo, y que millones de personas consuman la publicación. Eso es una violación y todos los que ven las fotografías son cómplices. Es así de sencillo.

Tal vez es más evidente si vemos los casos que ocurren en Colombia. Son numerosas las situaciones en las que un ex aprovecha el contenido enviado por su pareja en el marco de una relación para vengarse. En internet abundan los videos de venganza y las fotografías publicadas sin autorización de la mujer. También entre menores de edad es demasiado común el matoneo de este tipo, donde una foto es distribuida entre personas que no debían verla. ¿No es esta una cultura que debemos interrumpir y modificar?

Un primer paso es repudiar con vehemencia cada vez que se publiquen fotografías íntimas de mujeres famosas y usar eso como excusa para adelantar conversaciones que expliquen por qué es una violación. No permitamos que se normalice una práctica que censura a las mujeres y les infunde miedo.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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