En medio de una conmemoración en honor a víctimas de abuso policial, encapuchados decidieron incendiar el Comando de Atención Inmediata (CAI) de La Gaitana, en Bogotá. Las imágenes son espeluznantes, pues se ve que hay uniformados en el lugar mientras el incendio crece, aunque por fortuna, gracias a la intervención de los mismos policías y funcionarios del Distrito, no hubo víctimas. Sin embargo, por mucho dolor que esté acumulado, esta violencia hace necesario recordar que las protestas deben ser pacíficas si el objetivo es construir una sociedad más incluyente.
El 9 de septiembre de 2020, Cristian Hernández, Jaider Fonseca y Andrés Rodríguez fueron asesinados en el barrio Verbenal. Hay videos donde se puede observar cómo la policía entró a disparar en dos arremetidas, cobrando la vida de personas inocentes. Se trata de uno de los casos más trágicos y lamentables de abuso de poder en la capital, una herida abierta que generó justa desconfianza entre la ciudadanía y los uniformados. Esto ocurrió en medio de varias convulsiones sociales que tuvo el país entre 2020 y 2021, con casos dolorosos y emblemáticos como la muerte de Dilan Cruz. Por eso, año tras año, las familias de las víctimas hacen un homenaje para no olvidar, para seguir exigiendo justicia y para que haya una promesa genuina de no repetición.
Por lo anterior, es necesario que entre todas las noticias no se pierda el foco: lo importante son las víctimas. Sus familias merecen respeto y justicia, y la Policía tiene todavía muchas deudas para corregir su actuar cuando hay protestas. Eso no se cuestiona ni puede dejarse opacar.
Y sin embargo una vez más nos encontramos con que la frustración ciudadana no justifica la violencia contra los policías. Las vías de hecho, además de criminales, son inútiles. La vida de los uniformados debe respetarse y las imágenes que vimos en la noche del sábado pasado solo sirven para sembrar terror en una ciudad herida. Las protestas son válidas, necesarias; la destrucción no lo es. Es fundamental que se encuentre a los responsables del incendio.
Tampoco es momento de oportunismo político. En su cuenta de X, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, culpó a la Primera Línea y dijo que “los promotores políticos y electorales de la tal Primera Línea no pasarán sino a la justicia penal y a la derrota electoral”. Es una manifestación extraña y problemática por dos motivos. Primero, porque asocia a la Primera Línea con la criminalidad, cuando muchos de sus miembros han sido perseguidos jurídicamente en casos sin fundamento. Segundo, porque interviene directamente en la campaña electoral, buscando que se asocie a los manifestantes con un grupo político. No es la postura que una mandataria de la capital debería adoptar.
Lo dijimos ya: es fundamental que encontremos a los responsables y que todos tengamos claro que el irrespeto a la vida no se combate con otro irrespeto a la vida. El camino de la estigmatización nos lleva a la desunión y a que las tensiones sociales aumenten. Que la violencia no nos arrebate el objetivo común de tener una Bogotá segura para todos.
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