Jesús Santrich es un criminal que traicionó la confianza de los colombianos y busca sembrar terror ante el temor de ser capturado. Por eso, nuestra respuesta como país debe ser contundente y clara: quienes se esconden en el narcotráfico y el terrorismo para seguir buscando relevancia en el debate público no son actores políticos. Ahora, el exnegociador fugado de la justicia pretende que regresemos junto con él, sus ideas caducas y métodos abominables al pasado. Para lograrlo, lanza amenazas a dos periodistas directoras de medios buscando amedrentarlas. No las silenciará, así como tampoco logrará callar a la prensa libre que ha documentado sus crímenes y seguirá cuestionando su disidencia. Utilizamos este espacio para extenderles nuestra solidaridad a las colegas. Un ataque contra una periodista es un atentado contra la democracia colombiana y contra los esfuerzos de paz. No ganarán quienes ven en el capricho de las armas una excusa para no responder ante la justicia.
Este debería ser el último editorial que le dediquemos a Jesús Santrich, Iván Márquez y los otros disidentes de las Farc que buscan dar golpes de opinión para presentarse como actores relevantes. No lo son. Ni ellos ni cualquier persona alzada en armas después del Acuerdo de Paz tiene derecho a declararse como un ser incomprendido político. Son criminales que traicionaron lo pactado, abusaron de la confianza de los colombianos, deslegitimaron las instituciones y no quieren aceptar ni reconocer sus crímenes. Por eso nos causa recelo tener que referirnos a ellos.
Nos manifestamos, sin embargo, porque las amenazas por parte de criminales contra periodistas no solo son comunes en el país, sino que históricamente han ido de la mano de la censura y la autocensura. Al señalar a Claudia Gurisatti y a Vicky Dávila, lo que pretenden los terroristas es filtrar los discursos, decir qué voces son autorizadas para expresarse y cuáles deberían silenciarse. Eso, por supuesto, no les corresponde a ellos ni a nadie. La libertad de expresión y el libre ejercicio del oficio de la prensa son pilares sobre los que hemos construido nuestro Estado y nuestra democracia. Quienes atentan contra ellos están atacando al pueblo colombiano entero. El rechazo, entonces, debe ser contundente y en unísono.
Según el general Jorge Luis Vargas, director de la Policía, “ya existen dos noticias criminales con la Fiscalía y la Dijín dentro de un proceso investigativo que debe conducir a la judicialización de este delincuente y otros miembros de su estructura narcotraficante”. Por su parte, Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta de la República, dijo que “la causa de una mujer es mi causa, independientemente de nuestras posiciones políticas. como país no debemos aceptar ataques infames de parte de grupos al margen de la ley”. Estamos de acuerdo. Compartimos el clamor por la pronta captura y judicialización de Santrich, Márquez y todos los que siguen siendo una pesadilla para los colombianos.
Es un contraste humillante para Santrich y compañía cuando se les ubica al lado de los excombatientes que han cumplido sus promesas. Los segundos les han apostado a la paz, a Colombia, a crear proyectos de subsistencia, a construir comunidades. Son ejemplo para los colombianos y para el mundo. Los primeros son los criminales de siempre. Gritan, hacen escándalo, lanzan amenazas, pero cada una de esas actitudes demuestra su pequeñez e irrelevancia.
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