Las buenas noticias del nuevo Congreso

Quedan las manchas, cierto es, de quienes llegaron impulsados por alianzas dudosas, pero ya habrá tiempo de vigilarlos. / Gustavo Torrijos - El Espectador

A pesar de todo, fue una buena jornada electoral la del domingo. Obviando el desastre de la Registraduría con los tarjetones, que no debe pasar inadvertido pese a los esfuerzos hechos por el Gobierno y el registrador por minimizarlo, son varios los motivos que tenemos para celebrar. Nuestra democracia, aunque aún bastante débil, tuvo una defensa feroz en las urnas por parte de los colombianos.

Primero, la cifra: 17’818.185 ciudadanos participaron en las elecciones al Congreso y las consultas para la Presidencia. Aunque el número sigue siendo inferior a la mitad del censo electoral, no es una participación despreciable, menos aun en unos comicios que han sido históricamente ignorados por los colombianos. Sin duda motivados por las consultas, se demostró que, cuando hay incentivos, y cuando se quitan los factores que nos alejan de las urnas, la gente decide apostar por la democracia. Tenemos que seguir combatiendo la abstención, pero vamos por buen camino.

Además, el error de la Registraduría y del Gobierno con los tarjetones de las consultas dejó una imagen para la posteridad: colombianos defendiendo ferozmente su derecho a votar, denunciando la irregularidad. Para todo lo que se habla de la polarización y la violencia del país, es de celebrar que esa pasión se utilice con un fin tan loable como defender la democracia.

Volviendo a las buenas noticias, y siguiendo con las imágenes históricas, no debe dejar de difundirse la fotografía de los exguerrilleros de las Farc votando y exhibiendo, con orgullo, su certificado electoral. Hace ocho años, algo así era impensable.

También, gracias a que el Eln cumplió su palabra, tuvimos las elecciones más pacíficas en los últimos 50 años. Ni un solo puesto de votación se tuvo que cambiar de lugar; no hubo denuncias de costreñimiento. La ausencia del ruido de los fusiles permitió que nos concentráramos en la corrupción: los videos que circularon de compra de votos son muestra de un país que por fin puede fijarse en los problemas más graves.

En cuanto a los elegidos, son varios también los motivos para tener esperanza. Se renovó en algo el Congreso con una avalancha de nuevos candidatos. Además, entraron a reemplazar a muchos nombres cuestionados que no supieron ejercer la función pública con el decoro requerido. Quienes quisieron alcanzar el parlamento sobre la ola de los discursos de odio, también, en su mayoría, fueron derrotados. El resultado es una Rama Legislativa muy diversa, que representa a todos los colombianos en el espectro ideológico. Un triunfo indudable.

Finalmente, los resultados históricos de Álvaro Uribe y Antanas Mockus muestran la importancia de que los personalismos, tan comunes en nuestra cultura política, se utilicen para afianzar proyectos colectivos en el Congreso. Seguimos soñando con un parlamento repleto de apellidos memorables que decidieron fortalecer los partidos antes que sus caudales individuales.

Quedan las manchas, cierto es, de quienes llegaron impulsados por alianzas dudosas, pero ya habrá tiempo de vigilarlos. Por ahora, Colombia tiene razones para celebrar.

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