El Congreso de la República puede lucir muy diferente en el 2022. Gracias a una decisión de la Corte Constitucional, las circunscripciones transitorias especiales de paz, que en la práctica representan 16 curules en la Cámara de Representantes, revivieron. Después de amargos debates en el Legislativo cuando la administración de Juan Manuel Santos se enfrentó a una creciente oposición para implementar el acuerdo de La Habana, por fin se retoma esta medida, que es un reconocimiento a las víctimas del país y que promete darles representatividad política a zonas que hoy siguen siendo de conflicto.
El camino para las 16 curules fue tortuoso. En tiempos de fast-track y de campaña electoral para reemplazar al entonces presidente Santos en la Casa de Nariño, las fuerzas políticas en el Congreso decidieron rebelarse contra la idea. Les molestaba, entre otras cosas, que las circunscripciones no permitían candidatos amparados por ningún partido. Al final, se creyeron hundidas y el período 2018-2022 no contó con ellas.
Sin embargo, el senador Roy Barreras presentó una acción de tutela buscando revivirlas. Perdió en primera y en segunda instancia, pero ahora, en una votación de cinco contra tres, la Corte Constitucional le dio la razón. Los magistrados ordenaron que las 16 curules empiecen a regir desde 2022 hasta 2030, es decir, los dos períodos electorales que se pactaron en el acuerdo. Aunque hemos visto la esperable protesta por parte de los opositores al pacto con las Farc, entre las redes de víctimas se celebró la noticia. No es para menos.
Son varios los puntos importantes de esta decisión. Por un lado, garantiza que ningún partido político pueda presentarse en esas circunscripciones. Eso, idealmente, va a fortalecer a movimientos sociales en las zonas y asegurará que las personas elegidas sean líderes comunitarios que hayan sido víctimas del conflicto. Es una apuesta importante por diversificar los rostros del Congreso y darles poder a sectores usualmente marginados.
Por otro lado, la presencia de las 16 curules puede significar un renovado apoyo al proceso de paz en tiempos álgidos. Las regiones que elegirán a los nuevos representantes han sido golpeadas por la violencia y el abandono estatal desde la firma del acuerdo. En medio del sistemático asesinato de líderes sociales, del crecimiento de los grupos armados al margen de la ley y las redes del narcotráfico, de la falta de voces y mecanismos de intermediación ante el Gobierno, las curules son un megáfono bienvenido que puede ayudar a modificar el equilibrio de poder en esos territorios.
Hubo quienes criticaron el anuncio hablando de austeridad y la necesidad de reducir el número de congresistas. Aunque estamos de acuerdo en que el debate sobre los costos del Legislativo debe darse, esto no puede ser en perjuicio de grupos de víctimas que han buscado por años su representación. Una de las apuestas más acertadas del acuerdo de La Habana es sentar más personas en la mesa y otorgar representación política a sectores silenciados históricamente. Es mucho más lo que gana el país que el costo de los sueldos de los nuevos congresistas.
El siguiente paso es que toda Colombia acompañe el proceso electoral en las circunscripciones. Es momento de fortalecer los liderazgos locales para que su voz llegue al Congreso.
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