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Esta semana, Armando Novoa, magistrado del CNE, anunció en Twitter que su ponencia, donde le otorgaba personería jurídica a Colombia Humana, había sido derrotada por cinco votos contra dos. El magistrado también advirtió que lo más probable es que el próximo lunes la decisión definitiva sea quitarle la personería al movimiento o, lo que es igual de grave, se decida aplazar hasta que haya nuevos magistrados en el CNE. Ambas opciones son inaceptables.
Colombia Humana necesita el reconocimiento como partido para poder hacer uso del Estatuto de la Oposición, declararse como oposición al Gobierno y recibir los beneficios de la ley, que incluyen financiación especial y tiempo al aire para refutar las intervenciones del presidente.
Si el CNE, que termina su período el próximo 31 de agosto, decide aplazar la decisión hasta que haya nuevos magistrados, afectaría los derechos políticos de Colombia Humana, pues probablemente no habría personería jurídica antes del vencimiento del plazo para declararse en oposición.
La única opción es que tomen una decisión de fondo. Entre los argumentos para negar la personería jurídica están el que Petro y Robledo llegaron impulsados por una coalición de partidos que ya tenían personería jurídica y que además no fueron elegidos directamente al Congreso, sino a través de una elección presidencial.
La pregunta necesaria es: ¿cuál es, entonces, el objetivo de darle un espacio en el Congreso al candidato perdedor de las elecciones? ¿Algo meramente cosmético? La inclusión política no lo es si luego se obstaculiza a punta de medidas como estas.
Petro y Robledo hicieron parte, sin lugar a dudas, de un movimiento llamado Colombia Humana. Ese movimiento, además, tiene ahora representación en el Congreso gracias a ellos. Allí llegaron apoyados por ocho millones de votos. ¿Por qué negarles la personería jurídica?
Lo decía Novoa en su ponencia: “la declaración de oposición (sin tener personería jurídica) sería inicua y privaría a quien obtenga la segunda votación en la elección presidencial de la posibilidad de ser una verdadera alternativa de poder”. Además, dice la ponencia, darle las herramientas adecuadas al candidato perdedor sería respetar “las ideas políticas que, aunque derrotadas en la regla de la mayoría, constituyen un reconocimiento al apoyo significativo de los ciudadanos en ejercicio de su derecho a la participación política”.
No nos parece una decisión difícil, a menos que haya factores que no estén siendo discutidos de manera transparente y que promuevan entorpecer a Colombia Humana. El CNE no debería seguir siendo el centro de escándalos de este estilo.
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