Esta alianza significará, no una fusión, sino una compatibilización de lenguajes entre los sistemas bursátiles de los tres países y la implementación de mecanismos que facilitarán las transacciones entre ellos. De esta manera, un colombiano podrá comprar acciones de Falabella con la misma facilidad con la que un chileno podrá comprar acciones de Volcán y un peruano acciones de Isagén. La ampliación del mercado traerá sin duda grandes ventajas para el país, en especial, si se tiene en cuenta que la lista de las empresas colombianas que figuran en bolsa son muy pocas. Ahora, con el Mila, se tendrá un listado de 563 compañías, que, por lo demás, superará a las 406 de México y a las 386 de Brasil.
Teniendo como referencia la reciente experiencia de Davivienda, cuyas acciones se vendieron casi de inmediato, se espera que con la integración las personas naturales mantengan esta tendencia. A pesar de la estricta preferencia de los colombianos por las inversiones menos riesgosas, como las de renta fija y, en particular, por las inversiones en TES, es probable que varios decidan valerse de las nuevas alternativas que ofrecerá la unión. Esta misma expectativa se tiene de las compañías listadas en bolsa, pues tendrán mayores oportunidades de fondeo. Incluso, algunos más optimistas consideran que la integración tentará a empresas colombianas reticentes a entrar en el mercado accionario a hacerlo. Finalmente, un mayor mercado implica un mayor número de posibles compradores. Así, por dar un ejemplo, en caso de que Avianca decidiera algún día ofrecer sus acciones, no se preguntará ya sólo por el mercado local, sino por la potencial demanda de los tres países.
Como si las ventajas de un mercado más amplio no fueran ya suficientes, estos países cuentan con la suerte de tener necesidades complementarias. Así, el mercado chileno ofrecerá mejores opciones en comercio y cobre, el colombiano en hidrocarburos y energía, y el peruano en infraestructura y minas. Además de las oportunidades de inversión en el interior del Mila, la integración de sus bolsas implica también que nuestros mercados se harán más atractivos para inversionistas extranjeros. Aunque el tamaño de las bolsas de Brasil y de México sea muy superior —a pesar de que el listado de empresas del Mila sea el más largo— ya seremos la tercera opción clara en América Latina, lo que significa que, en principio, el volumen de las transacciones después de noviembre será superior a aquél que resultaría de la suma de los movimientos independientes de las tres bolsas.
No obstante, si bien los aspectos positivos del Mila son muchos, también existen riesgos, más aún tratándose del mercado bursátil, que por naturaleza es volátil. Así, con la integración, se potencia, por ejemplo, el canal de transmisión en caso de que ocurra alguna crisis financiera en el mundo y las bolsas locales se verán afectadas ya no sólo por los fundamentales de la economía local, sino también por aquéllos de las economías a las que nos estamos integrando. Es por ello que el mayor desafío que enfrenta este mercado integrado es que los gobiernos de los tres países continúen aplicando políticas macroeconómicas ordenadas, como lo han venido haciendo en las últimas décadas. Dados los antecedentes de relativa estabilidad de las tres economías, lo más seguro es que el Mila llegue para quedarse.