Liderazgo para el bienestar de los colombianos

Es vital volver a ese principio básico de tratarnos entre todos como humanos y de preguntarnos cómo alcanzamos el bienestar común. / Andrés Torres - El Espectador

Colombia necesita tomarse el tiempo de reconocer las iniciativas positivas que se suelen hacer en silencio y que son las que convierten al país en un espacio propicio para el bienestar de todos los ciudadanos. Con eso en mente, El Espectador lleva dos años entregando el Premio de Liderazgo, que busca reconocer a aquellos proyectos en los que se están materializando las iniciativas de liderazgo; los que están apostando con seriedad y ambición por ir más allá de las simples ganancias. Este año, los triunfadores son un ejemplo de todo lo que se consigue cuando la pregunta en el fondo es la misma: ¿cómo priorizamos a las personas y los problemas del país al momento de crear empresa?

El Premio Liderazgo Sostenible en Acción busca los proyectos a largo plazo que entienden la importancia de hacer intervenciones sostenibles, crear futuro y no solo quedarse en el corto plazo. El ganador de este año, además, tiene la bondad de estar inmerso en dos problemas transversales en la historia de Colombia: el desarrollo campesino y el conflicto armado. Carlos Enrique Cavelier, coordinador de Sueños de Alquería y galardonado por esa iniciativa, lidera el proyecto de Formación Campesina (Foca), que cumple diez años. Allí, donde era mucho más rentable para los campesinos cultivar hoja de coca, llegaron Alquería y el Sena a capacitarlos y a darles herramientas para producir leche. En esta década, los productores pasaron de producir 400 litros de leche a 4.000. En medio de tantos discursos sobre cómo llevar el desarrollo a las regiones olvidadas, este es un ejemplo que debería replicarse pues, entre tantas cosas, demuestra que las comunidades lo único que necesitan son oportunidades. Ellas ponen el resto.

Juan José Piedrahita, presidente de Equitel, se llevó el Premio Líder Consciente desde la Estrategia y la Cultura. Esa empresa ha demostrado que preguntarse por sus empleados, por sus sueños e intereses y por construir una cultura de bienestar (lo que Piedrahita llama “felicidad”) rinde frutos. En síntesis, respalda la idea de que las personas que disfrutan lo que hacen y que se sienten respaldadas por sus empresas tienen mejor desempeño. En este ejemplo, los resultados hablan por sí solos: después de 22 años, pasaron de 45 integrantes a 722, la compañía se ha multiplicado por 40 y ya no es una, sino siete empresas.

Algo similar, por cierto, respalda el presidente de Isagén, Luis Fernando Rico, que recibió la Mención de Honor del Premio, precisamente por incentivar que en una empresa tan importante el trato con los empleados sea enfocado en la humanidad compartida. Tratarse bien debe ser la norma en las empresas del país, no una situación extraordinaria.

Finalmente, David Hernández recibió el Premio Líder Revelación por ser el inventor del ludófono, un híbrido entre juguete e instrumento musical que, de manera muy creativa, permite a los niños aproximarse a la música de manera sencilla y efectiva. Hernández demuestra que hay maneras de innovar, incluso en temas con tanta trayectoria como el aprendizaje de la música. Su proyecto debería recibir más apoyos a nivel nacional, pues la educación en las artes ha sido siempre la cenicienta en Colombia, cuando debería ocupar un espacio primordial en la construcción de un nuevo país.

El jurado del Premio de Liderazgo le deja un reto a las empresas del país. La declaración como desierto del Premio Líder Sostenible en Acción y Ética no quiere decir que en Colombia todo esté perdido, sino que faltó ver propuestas donde sea evidente que la ética está impregnada en todas las áreas de trabajo de las empresas. Ojalá esto sirva como motivación y el año entrante tengamos muchos casos de orgullo en esa área.

Todos los premiados envían un mensaje claro al país: vale la pena apostarle a los colombianos. En medio del momento histórico en que se encuentra Colombia y de tanta polarización y tensiones, es vital volver a ese principio básico de tratarnos entre todos como humanos y de preguntarnos cómo alcanzamos el bienestar común.

 

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