Lo que no debe perderse en la tormenta

La sed mediática no puede significar que testimonios sin más pruebas terminen por sabotear el debido proceso de un funcionario como Luis Fernando Andrade. / Óscar Pérez - El Espectador

Los procesos por corrupción que adelanta la Fiscalía deben seguir teniendo consecuencias en el país. Sin embargo, el escándalo que comenzó con las confesiones de Odebrecht no debería ser excusa para ignorar los avances que ha tenido el país en temas de transparencia en infraestructura. La sed mediática tampoco puede significar que testimonios sin más pruebas terminen por sabotear el debido proceso de un funcionario como Luis Fernando Andrade Moreno, expresidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).

La ANI se creó como respuesta a la crisis de la politiquería que predominaba cuando existía el Instituto Nacional de Concesiones (Inco). Basta recordar que esa entidad, encargada de asignar los contratos de infraestructura en el país, tuvo nueve directores en ocho años, cuyas renuncias estuvieron ligadas en varios casos a lazos con el escándalo de la parapolítica, fallas en los mecanismos de contratación y hasta mentiras de un director respecto de sus estudios. Esto significó que en el sector predominara la desconfianza, lo que a su vez espantaba la inversión y entorpecía la ejecución del presupuesto. En el año 2010, último del gobierno de Álvaro Uribe, sólo se gastó el 63,7 % del presupuesto de inversión, como cuenta La Silla Vacía.

Con el diseño de la ANI y las modificaciones legislativas que impulsó su presidente, el hoy investigado Luis Fernando Andrade, se lograron avances para reducir el poder de los políticos en la asignación de las concesiones. Entre los muchos cambios, que celebramos, está la implementación de espacios colegiados para la toma de decisiones, con presencia de técnicos sin alianzas políticas particulares que pudieran inclinar la balanza. Además, la ley de infraestructura introdujo una necesaria evolución de la expropiación, que permitió el avance en construcciones trabadas. Lo propio se hizo con regulaciones de la consulta previa y las licencias ambientales.

Todo este proceso de tecnificación dio resultados que son evidentes. Aunque empezó con tasas de ejecución bajas, que se entienden por la necesidad de reorganizar el sistema de concesiones, la economía colombiana hoy viene siendo impulsada por las obras 4G y la inversión en infraestructura. Contratos que, por cierto, se han hecho con pagos contra entrega de obras, lo que ha reducido los incentivos para las demoras a las que nos tenían acostumbrados.

El arquitecto de toda esta modificación fue Andrade. Por eso, su involucramiento en el escándalo de Odebrecht es tan complicado. Ha sido señalado de tener reuniones con los implicados, incluyendo al congresista Bernardo “Ñoño” Elías, lo que es cierto, pero la duda que queda, y que la Fiscalía no ha podido responder, es si el exdirector de la ANI recibió sobornos o estaba al tanto de que sus interlocutores cobraban por ese “acceso”. Incluso si las autoridades concluyen que hubo errores técnicos al momento de adjudicar el tramo Ocaña-Gamarra, esa decisión no fue únicamente de Andrade, ni tampoco puede estirarse para argumentar que se trata de la mente maestra detrás del entramado de corrupción.

No pretendemos prejuzgar y estamos pendientes de escuchar las pruebas que mostrará la Fiscalía en la próxima audiencia de imputación de cargos, pero es preocupante que en el calor de la presión mediática se abandone la presunción de inocencia y se salte la debida valoración de las pruebas. ¿Son los testimonios, fomentados por los incentivos que da la colaboración con la justicia, suficientes para probar que hubo corrupción del más alto nivel en la ANI? ¿Qué mensaje se les envía a los técnicos que quieren aportarle al país, pero ven la historia de Andrade como un esfuerzo saboteado? Es clave que la Fiscalía pueda explicarle al país con detalles cuál fue la responsabilidad del expresidente de la ANI en todo esto.

La ANI, entretanto, debe continuar adelante con su proyecto de reforma y de impulso a la infraestructura, enderezando los entuertos que dejó abiertos la corrupción que implementó Odebrecht en el país. Que no todo se pierda en medio de esta tormenta.

 

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