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Lo que perdimos con Yeison Jiménez y Beatriz González

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12 de enero de 2026 - 05:00 a. m.
Lo que perdimos con Yeison Jiménez y Beatriz González
Foto: Juan Francisco Pedraza
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Nos atrevemos a especular que la Colombia que llora la partida de la maestra de la pintura Beatriz González escucha música distinta a la Colombia que llora por Yeison Jiménez. Ambos casos, sin embargo, son una pérdida para la cultura popular de nuestro país.

González falleció en Bogotá el 9 de enero a sus 93 años; Jiménez, el 10 en un accidente de avión en Paipa, Boyacá, a sus 34 años. Más allá de haber muerto con un día de diferencia, estos dos artistas parecieran tener poco en común. Beatriz González nació en Bucaramanga en 1938 y fue una de las artistas más influyentes del arte colombiano y latinoamericano del siglo XX y comienzos del XXI. Formada en la Universidad de los Andes, la Nacional y la academia de Bellas Artes de Róterdam, desarrolló una obra que alcanzó reconocimiento en instituciones como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Nacional Británico de Arte Moderno o el Museo Reina Sofía de Madrid. Además, fue crítica, historiadora, curadora del Museo Nacional y jefa del departamento de educación del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Fue también maestra de maestros como Doris Salcedo y José Alejandro Restrepo.

Yeison Jiménez nació en Manzanares, Caldas. En su infancia, fue testigo de violencia intrafamiliar, su padre quedó en bancarrota, se mudó con su madre a Manizales y, para cuando era adolescente, trabajaba como aguacatero en Corabastos, principal mercado mayorista de Bogotá. Allí, con la misma vena musical con que había ganado cinco veces el Festival de la Canción Infantil de Manzanares, se volvió compositor de rancheras. En la misma época, según contó, un vuelco a la fe cristiana le ayudó a superar una adicción a las drogas y una vida delictiva por la que había pagado casa por cárcel. Más de una década más tarde, Jiménez sería el primer cantante de música popular en llenar El Campín, habría compuesto más de 70 canciones, obtenido dos premios Nuestra Tierra y hecho giras que iban desde municipios intermedios de Colombia hasta escenarios de Europa y Estados Unidos.

¿Cómo se conectan Beatriz González y Yeison Jiménez? Ambos retrataron y reivindicaron sentires populares.

González se refirió a su propia obra como “pop de provincia”. Fue un diálogo con la historia política y la cultura visual popular, aunque ella misma no se consideraba política. Se hizo famosa con la obra Los suicidas del Sisga (1965). Era una pintura basada en la foto que acompañaba la noticia de un suicidio, publicada en el diario El Tiempo. Fue el inicio de una serie de obras donde el archivo de prensa nutriría constantemente sus representaciones pictóricas. González es recordada por la cortina gigantesca en la que representó a Julio César Turbay celebrando con whisky la llegada del autor del Estatuto de Seguridad (medidas de excepción militaristas que resultaron en violaciones de derechos humanos), o por Auras anónimas, una intervención de unas 10.000 lápidas del Cementerio Central de Bogotá, donde yacen miles de personas no identificadas, víctimas del conflicto armado. En ambos casos, es inevitable leer en su obra reclamos populares al Estado.

Las canciones de Yeison Jiménez reflejan otra frustración popular: el desamor, el despecho, incluso la preocupación por la tierra. Y canciones como Aventurero y Bendecida hablan del rebusque, del orgullo herido y de seguir adelante cuando el ascenso social es frágil y nunca está garantizado. Jiménez cantó para un país trabajador que no suele verse reflejado en los discursos culturales dominantes.

En ese sentido, aunque Beatriz González y Yeison Jiménez parecieran habitar extremos opuestos del campo cultural, ambos cumplieron una función similar: poner en palabras e imágenes lo que suele quedar fuera del relato oficial del país. La muerte de ambos deja a Colombia un poco más huérfana de lenguajes para narrarse a sí misma.

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