Los abusos silenciados en la guerra

Los relatos y los obstáculos que enfrentan los hombres víctimas de la violencia sexual son muy similares a los que las mujeres han denunciado. / Foto: Cortesía UIA - JEP.

La justicia transicional sigue avanzando y ya empieza a arrojar luz sobre muchos de los crímenes silenciados durante los largos años del conflicto armado colombiano. Gracias a la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, y un equipo de atención emocional, hace poco se celebró un encuentro de víctimas que rara vez son oídas en Colombia: hombres que sufrieron algún tipo de violencia sexual durante los años de la guerra.

Si la promesa del Acuerdo de Paz es que el país tenga la oportunidad de enfrentar sus historias ignoradas y olvidadas, la violencia sexual debe estar en el centro del cumplimiento de esa idea. Ya, en el pasado, hemos discutido cómo hay suficientes evidencias para probar que las mujeres fueron utilizadas como un espacio más de la guerra: sin distinguir los actores del conflicto, todos fueron perpetradores de crímenes sexuales. Es muy diciente que, a la fecha, el reconocimiento de estos delitos es lo que más resistencia ha causado entre los excombatientes y otros actores del conflicto. La vergüenza, el tabú y el silencio son los cómplices en este tema.

Según el Registro Único de Víctimas, las cifras para los delitos contra la libertad y la integridad sexual están así: 26.555 mujeres, 2.140 hombres y 438 personas LGBT. Sabemos que, además, cada una de esas categorías está subrepresentada. Ahora, poco a poco, empezamos a ver una nueva arista: los hombres están empezando a hablar.

En Paipa (Boyacá) se reunieron 30 hombres que comparten una misma experiencia: el haber sido víctimas de violencia sexual. Como contó El Espectador, con presencia de la JEP, la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales y un equipo de atención emocional hicieron un ejercicio que busca darles la oportunidad de hablar de lo ocurrido.

“He tenido que sufrir muchas cosas, no he podido socializar como antes. Llegó un momento en el que no podía ejercer mi profesión, porque tenía muchos problemas emocionales. Tuve que dejar a mi pareja porque ya no puedo estar con ella por el hecho de violencia sexual”, dijo un hombre víctima. Otro, que fue violentado tanto por las Farc como por los paramilitares, contó que los abusos son una “tortura permanente”.

Los relatos y los obstáculos que enfrentan los hombres víctimas de la violencia sexual son muy similares a los que las mujeres han denunciado. Falta de atención, falta de preparación por parte de las autoridades competentes, falta de mecanismos de justicia, abundancia de incentivos para guardar silencio, dificultades para tener procesos de recuperación... El abandono y el silencio son la norma. Por eso no sabemos cuántos casos ocurrieron, por eso ha costado tanto hablar de reparación y justicia.

A lo anterior se suman los prejuicios de la sociedad. Los hombres manifestaron la vergüenza que sienten y la presión que causa la idea de la “masculinidad colombiana”. Sus reclamos son un reto para todos los colombianos: tenemos que cambiar la manera en que hablamos de lo que es “ser hombre” y “ser mujer”; tenemos, también, que seguir apostándole al reconocimiento de estos delitos para sacarlos del anonimato.

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