Se ha vuelto tradición en El Espectador dedicar uno de los primeros editoriales del año a reflexionar sobre nuestra relación con los animales, los seres sintientes con los que compartimos este país. Hoy traemos tres postales en forma de noticias para entender cómo viene cambiando la cultura nacional y por qué sigue siendo urgente que, si nuestros lectores pueden hacerlo, la adopción sea el camino para cambiarle la vida a un gato o un perro abandonado.
La primera postal viene desde Cartagena. En estos días, se anunció la entrada en vigor de un decreto que busca reemplazar las carrozas del Centro Histórico. Abundan los casos de caballos explotados que se desploman en medio de las calles por el abuso al que han sido y siguen siendo sometidos. Ahora, la alcaldía de la ciudad impulsa la entrada en funcionamiento de una flota inicial de 62 vehículos eléctricos impulsados por energía solar y con capacidad para seis personas. Dumek Turbay, alcalde de la ciudad, cerró el año pasado declarando lo siguiente: “Con los coches eléctricos avanzamos hacia una ciudad más moderna, sostenible y humana. Detrás de este proyecto hay un compromiso enorme con el bienestar animal y, sobre todo, con la dignificación de quienes durante tantos años han trabajado en este oficio tan representativo de nuestra ciudad”.
El reemplazo no ha sido sencillo. Los activistas que presionaron durante años por la modificación recibieron hasta amenazas de muerte. Como cuenta El País de España, la alcaldía también se estrelló al darse cuenta que las 120 familias que viven de las carrozas con tracción animal no tienen trabajos formales y están precarizadas. Los conductores de las carrozas han pedido que se les acompañe, como debe ser. Queda pendiente que se prohíba el tránsito de los animales en toda la ciudad y que la alcaldía no abandone a las personas que tienen que encontrar nuevas maneras de trabajar. El cambio cultural, en todo caso, es urgente.
La segunda postal ocurrió en noviembre del año pasado en Bogotá. Al ver la cantidad de animales que son abandonados dentro del sistema de transporte público de la ciudad y las denuncias de maltrato, TransMilenio y el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal crearon un mecanismo para reaccionar oportunamente. El año pasado, María Fernanda Ortiz, gerente general de TransMilenio, dijo que “cuatro animales fueron entregados a fundaciones, 18 regresaron con sus tenedores y 24 fueron dados en adopción. Con la puesta en marcha de este convenio esperamos que los animales reciban una atención adecuada y que logremos trabajar en materia de cultura ciudadana para la tenencia y transporte responsable de animales”. Otra buena noticia.
La tercera postal nos lleva a Antioquia. Las cifras de maltrato y abandono animal allí están disparadas. Andrea Castrillón, directora de Second Chances, un santuario de distintos animales y una organización que organiza brigadas de rescate y adopción, compartió con El Espectador que hay más de 20.000 animales en abandono en el departamento. En Colombia hay cerca de tres millones de animales en condición de calle. Es, a todas luces, una crisis para la que no estamos haciendo.
La solución empieza por una revolución individual llamada adopción. La invitación que hacemos a nuestros lectores es que, si lo pueden hacer, consideren darle hogar a un animal que lo necesite. Y, si no lo logran, una donación a cualquier organización de rescate animal hace la diferencia, pues suelen trabajar con las manos. Como dijo Castrillón sobre la perra que rescató y terminó rescatándola a ella: “Ocho años de magia pura junto a una de mis mayores maestras en la vida, Leía María, quien me indicó el propósito de mi vida y me acompañó a sanar mi vida entera”. Lectores, no pierdan la oportunidad de vivir algo similar. Es el momento.
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